viernes, 29 de enero de 2016

El Edil, Bellisio

MARIO GASTÓN BELLISIO

EL EDIL


EDITORIAL DUNKEN
Buenos Aires 2010

1 - 2 - 3 - 4 - 5 -6 - 7 - 8 - 9 - 10 - 11 - 12 - 13 - 14 - 15 - 16 - 17 - 18 - 19 - 20

Personajes:
Relator
Juan Carlos Rufatti
María del Carmen
Rodríguez
Ricardo Orsi
Daniel Jiménez
Juan Recalde
Oscar Klein
Mariela Rufatti
Gloria N. de Rufatti
Pedro Rufatti
Fernando Rufatti
Oreste Rufatti
Edil Pereyra
Edil Ocampo
Presidente del Concejo Deliberante
Periodista
“El Cholo”
Comensal I
Comensal II Gerente
Néstor González




I

Relator—Miren esta cara... ¿Les dice algo? Déjenme contarles tanto como yo sé de él. Así empezó aquel con su vida de simple pícaro que se quejaba de los políticos cuando era un don nadie. Él no tenía hambre de gloria y su nombre tal vez no diga nada; Juan Carlos Rufatti se llamaba y ésta es su historia.

Juan Carlos Rufatti- A ver...A dar vuelta la hoja.

María del Carmen- ¡Rufatti!¿Qué estás haciendo?

Rufatti- ¡María del Carmen! Casi me muero del susto que me diste. Pensé que era Rodríguez que me andaba siguiendo.

María del Carmen- Yo sólo te preguntaba qué era esa cosa.

Rufatti- Estoy sacando fotocopias, ¿o no sabés qué es esto?

María del Carmen- No me tomes por idiota, ni tampoco me estés mintiendo.



Rufatti- Qué, ¿vos también me estás espiando?

María del Carmen- Pensá lo que quieras pero yo sólo te advierto que, si se entera de esto el sargento de Rodríguez, te pido que me envíes una postal de la luna.

Rufatti- ¿Me estás amenazando?

María del Carmen- Mirá Rufatti...

Rufatti- A mí, que necesito ayuda por la situación que estoy viviendo...

María del Carmen- ¿De qué me estás hablando?

Rufatti- ¿No sabés que Fernando, el nene más chico que tengo, anda medio enfermo y en un mes me lo están operando?

María del Carmen- ¡Uy, no me digas! ¿Qué tiene?

Rufatti- Un riñón malo y el otro no anda a pleno. Encima, el pobrecito nene con sangre me viene orinando.

María del Carmen- Perdóname Rufatti, no sabía que tenías estos problemas; y estas fotocopias ¿son para la operación de tu hijo?

Rufatti- Son las fotocopias de un libro que le pidieron a mi hija en la escuela. Me salió inteligente la nena, pero está todo tan caro...

María del Carmen- Decímelo a mí y mirá estos zapatos, hace dos años que los tengo y ya necesitan un cambio.

Rufatti- Nosotros somos cinco en casa. Pedrito, el más grande, que ya tiene quince añitos, me pide a los gritos que le dé para alguna salida.

María del Carmen- ¿Y tu señora no hace nada?

Rufatti- Ella no trabaja porque está todo el día con los hijos; además plancha, cocina y lava y me deja todo bien limpio.

María del Carmen- Nosotros en casa, para las tareas, nos dividimos.

Rufatti- Córrete un poquito que me falta la última.

María del Carmen- ¡Uy, perdón!

Rufatti- Está bien... A ver... ¡listo! Todo el libro fotocopiado y no me salió un peso.

María del Carmen- Rufatti...Esta vez pasa...

Rufatti- Gracias María del Carmen, sos para mí como una hermana y nunca me voy a olvidar de esto pero por favor te pido, cuando veas una cosa rara, te  des vuelta y no mires.

María del Carmen- ¡Rufatti! ¡Cómo decís esas macanas!

Rufatti- ¡Cuidado que ahí viene Rodríguez!



II

Rodríguez- ¿Rufatti! ¿Dónde te habías metido?

Rufatti- Estaba completando el pedido que usted me había encargado.

Rodríguez- A mí no me tomés por tarado que por algo estarás escondido.

Rufatti- Se lo juro por mis hijos que sólo estoy trabajando.

Rodríguez- ¿Sabés qué tengo en la mano?

Rufatti- Unas hojas por lo que veo.

Rodríguez- ¿Sabés qué es esto? Las horas extras de tus compañeros y las tuyas están incluidas. Jamás he visto en mi vida gente tan caradura e incompetente como estos delincuentes
que vienen acá todos los días. Rufatti, ¡no me pongas esa cara que vos sos uno de ellos!¡Me están tomando el pelo o creen que yo no veo nada! ¿Cómo te voy a creer que trabajaste todas estas horas si cuando te reemplaza Moya le sobra tiempo para charlar y leer?

Rufatti- Pero, Rodríguez...

Rodríguez- Mirá, te voy a decir una cosa, olvídate de las horas extras y da gracias que no te echo, pero la próxima vez que hagas esto andá aprendiendo un oficio.



Rufatti- Es que yo tengo hijos...

Rodríguez- Yo también los tengo, como también tengo señora. Escuchá bien lo que te digo y decíselo a todos tus compañeros: que ni loco ni enfermo les voy a pagar las horas. Yo ya mismo rompo estas hojas y me hago cargo de lo hecho,y si alguien está molesto que me lo diga el intendente en persona.

Rodríguez rompe las planillas de horas extras y se va.

Ricardo Orsi- Rufatti, ¿qué estaba pasando que te vi discutiendo con Rodríguez?

Rufatti- ¿Sabés qué vino a decirme? ¡Que no nos pagaba las extras!

Ricardo Orsi- ¡¿Qué?!¡Está loco este tipo!

Rufatti- A mí me tiene harto y a todos lados me sigue.

Ricardo Orsi- ¡Esto no lo va a hacer conmigo!¡Ya mismo hablo con el gremio!

Daniel Jiménez- ¿Qué pasa Ricardo, por qué tanto nervio?

Rufatti- ¡Que el loco de Rodríguez nos cortó las horas extras!

Daniel Jiménez- ¿Y ahora qué hacemos?

Ricardo Orsi- ¡O nos las pagan o echamos al viejo!

Rufatti- ¡Eso! ¡Así se habla compañero!

Daniel Jiménez- ¡Yo sin las horas no como!

Rufatti- ¡Y yo no duermo!

Ricardo Orsi- Yo cambié el auto; y mi esposa, con el cargo que tiene como docente, o comen los nenes o pagamos las cuotas; y yo de a pie no ando.

Rufatti- Hagamos algo, impidamos este atropello.

Ricardo Orsi- ¡Este Rodríguez va a saber lo que es bueno!

Daniel Jiménez- Por Dios, que no nos echen porque entonces vuelvo con mi suegra.

Rufatti- Che, necesito lapiceras para que escriban mis nenes. La llave de los útiles, ¿quién las tiene?

Ricardo Orsi- Acá tenés Rufatti, yo me hice una copia.

Rufatti- Gracias Orsi, con un minuto me sobra para que vayan bien a la escuela.





III

Relator- Entonces hubo mucho alboroto por lo infausto de la noticia. Unos llamaron a otros y todos se fueron reuniendo para quejarse al gremio por el recorte de las horas. Y entre aplausos y gritos empezó otra historia donde el canalla y delincuente se animó entre tanta gente a desarrollar su oratoria.

Ricardo Orsi- Che, Rufatti, escúchame una cosa: yo creo que sería conveniente que cuentes de alguna forma, vos mismo y en persona,
lo que el viejo insolente te dijo hace poco.

Rufatti- ¡Me creés loco! ¿Yo, hablar en público?

Orsi- Sí, dale que vos podés. Si no es nada impúdico decir dos o tres palabras.

Rufatti- ¿Y si me trabo o me olvido?

Orsi- Vos levanté la mano.

Rufatti- Para eso no sirvo



Orsi- ¡Levantóla te digo que todos nos están mirando!

Ricardo Orsi le hace levantar la mano a Rufatti.

Orsi- Acá hablará mi amigo porque a él lo han insultado.

Todos aplauden. Juan Carlos Rufatti sube a una tarima.

Rufatti- Compañeros y trabajadores...En mi vida dos amores he tenido: mi familia y el municipio por los que siempre he luchado. Muchos de ustedes saben de peores tiempos que estos, cuando muchos de nuestros puestos estaban seriamente amenazados. Pero hoy la amenaza es otra: un jefe bruto y desalmado nos quiere robar nuestro trabajo quitándonos las horas.

Abucheos, gritos e insultos para Rodríguez. Algunos ya corean el nombre de Rufatti.

Rufatti- Silencio y gracias... Calma, calma... Como les estaba diciendo, el malvado de Rodríguez nos ha dejado al límite de lo que podemos soportar. ¿Cuánto más debemos aguantar las actitudes de los patrones que nos dejan sin un cobre para alimentar a nuestros hijos? ¡Basta, yo les digo! Interrumpen gritos y cada vez más gente alienta el discurso de Rufatti.

Rufatti- Basta, yo les digo, de agachar la cabeza, de obligarnos y que nos quieran venir a prepotear. ¡Ni una concesión más a estas bestias sin corazón que gobiernan la Municipalidad! Basta ya de “¡Por favor!” cuando pedimos lo que nos corresponde.

Gente- ¡Rufatti! ¡Rufatti!

Rufatti- ¿Qué reacción debemos tomar ante tanta injusticia? ¿Qué haremos ante la malicia que nos intentan imponer? ¿Queda ya alguna duda de lo que debemos hacer para castigar la prepotencia de los injustos e infames? ¡Yo les digo, a la huelga, hasta que nos devuelvan las extras que nos han quitado!

Gente- ¡Rufatti, Rufatti! ¡A la huelga porque nos han robado!

Todos vitorean a Rufatti, algunos lo tocan y abrazan. Ricardo Orsi se le acerca.

Ricardo Orsi- ¡Muy bien, Juan Carlos! ¡Nunca pensé que serías bueno dando un discurso!



Rufatti- Gracias, Ricardo. Yo tampoco lo sabía.

Daniel Jiménez- ¡Rufatti, te felicito!

Rufatti- Gracias Dany, parece que hoy es mi día.

Ricardo Orsi- Che, podés venir un momento...

Rufatti- Sí, como no, total ya estamos de huelga.

Daniel Jiménez- Cacho, ¿es cierto lo de tu hijo?

Rufatti- ¿Eh? ¿Qué cosa? No sé de qué me estás hablando.

Daniel Jiménez- María del Carmen me dijo que tu nene más chico, ese que se llama Femando, andaba medio enfermo.

Rufatti- ¿Fernandito? Qué va a estar enfermito si está en casa jugando con un grupo de amigos. Lo que le dije a la gorda es puro cuento, así que no hagas caso.

Ricardo Orsi- Che, ¿me estás atendiendo a mí o te vas a ocupar de este gil que sólo te está molestando?

Rufatti- Uy, perdóname Ricardo, me olvidé de lo que decías.

Ricardo Orsi- Acá, mientras vos te lucías dando tu brillante discurso,te estaban escuchando algunos de los que integran mi partido. Les caíste bien a los muchachos. Eso, seguro te lo digo. ¿Sabés qué me dijeron? “¿Por qué no lo traemos  para integrar la lista?”.




Rufatti- ¿Qué me estás diciendo?

Orsi- ¿No entendiste? ¿Sos sordo o querés una pista? ¿Sabés qué quieren estos tipos? Que seas uno de ellos  en la fórmula del partido.

Rufatti- ¿Vos creés que soy tan bueno?

Juan Recalde- No se trata de ser bueno, sino de tener ganas.

Oscar Klein- Ganas y tener talento para hacer un buen verso como el que hiciste hoy.

Rufatti- ¿Y ustedes son...?

Juan Recalde- Juan Recalde, candidato a concejal.

Oscar Klein- Oscar Klein, candidato a lo mismo.

Rufatti- Ah... usted es amigo de uno de mis primos.

Oscar Klein- ¿De quién me estás hablando?

Rufatti- De Armando, el que tiene una bicicletería.

Oscar Klein- ¡Armandito! ¡Madre mía! Claro que somos amigos y empezamos bien de chicos. Cuando íbamos a la escuela, una vieja mala y gorda, que creo era la abuela, nos corría con la escoba porque le robábamos higos.

Juan Ernesto Recalde- Rufatti... volviendo a lo nuestro; ¿no te gustaría un puesto mucho más arriba que ahora sin que nadie te corra porque faltaste o no hiciste esto?

Rufatti- ¡Por supuesto! Y a decir verdad ya me cansé de ser empleado y que me tengan para todos lados haciendo de todo de aquí para allá.

Oscar Klein- Vamos bien, vamos bien...

Recalde- Pará Klein, dejame a mí. A ver Rufatti si me seguís  y escuchás lo que estoy diciendo. Te necesitamos del lado nuestro para que, en medio de la campaña, des algún discurso...

Oscar Klein- Por ejemplo, mañana empezaría tu turno en el gimnasio del gremio.

Recalde- ¿Te imaginás todo eso lleno de gente escuchando?, y mientras una mitad te estará mirando, la otra te estará aplaudiendo.

Klein- Rufatti... ¿en qué estás pensando?

Rufatti- En lo que me están diciendo.

Recalde- Imagínate también esto... un escritorio, café, mate y, para que nada te falte, también cobrás un mejor sueldo.

Klein- Decime en qué parte, por sólo estar sentado, decir algo y levantar la mano, vas a conseguir que te paguen.

Recalde- Además ya lo hizo Juárez y mira ahora dónde está sentado en otro sillón mucho más cómodo e importante.

Klein- Del negro ese, mejor no hablés.

Recalde- ¿Por qué, qué te hizo?

Klein- Mejor después te digo.

Rufatti- Y, volviendo a nuestra conversación: explíquenme mejor una cosa; a mí, ¿qué parte me toca después de esta elección?

Ricardo Orsi- Cuarto concejal para el señor después de los caballeros y el mío.

Rufatti- ¿Cómo Ricardo, vos también estás prendido?

Ricardo Orsi- Sí, pero viste cómo no me olvido de la gente que está a mi lado.

Rufatti- ¿Y yo qué posibilidades tengo?

Recalde- Nosotros tres entramos seguro, pero el cuarto va a estar peleado. Ahí dependés de tus discursos porque hasta aquí te hemos ayudado.

Klein- ¿Y Rufatti?, ¿qué decís?

Rufatti- ¡Que sí!¡Ya no lo dudo más! Esto es lo único que quiero y lo que siempre estuve buscando.

Recalde- ¡Venga un abrazo compañero!

Klein- El triunfo está asegurado.





IV

Relator- Recuerdo que Rufatti cambió de rumbo y dejó su puesto de empleado en busca del sueño dorado de concejal. Así empezó su campaña electoral en pos del sillón anhelado, con la ayuda de los suyos. Pronto se hizo conocido por toda la gente del pueblo porque aparecía en los medios difamando a otros políticos. Ya lo había dicho su padre, que su hijo servía para algo y entre tantos incompetentes y otros desconocidos el pueblo tonto y desprevenido fue dando su opinión en la urna. Uno a uno, y voto a voto, y cuando los contaron a todos la sorpresa fue mayúscula cuando el partido de Orsi, Klein y Recalde, en vez de tres concejales, obtuvo cinco bancadas. La suerte estaba echada para el pobre Municipio porque, si lo robado era excesivo, para Rufatti, eso no era nada.

Rufatti- ¡Soy concejal, soy concejal!

Rufatti- ¿Qué le pasó al viejo? A ver... dame. Hola mami, ¿qué pasó con el nono?  ¿¡Que le dio un ataque!? ¿Cuándo, dónde, cómo fue? Está bien, entiendo... por lo menos sigue vivo... ¡¿Y dice que me quiere ver?! Pero mamá... justo que ahora me iba a cenar con mi familia y festejar que soy edil. Sí mamá, soy edil, concejal, y me imagino que me habrás votado. Bueno, mirá, decile al abuelo que ahora no puedo, pero que mañana estoy a su lado. Está bien, está bien... un beso, chau, chau. ¡Vamos todos que se hace tarde! Ya reservé una mesa en el mejor restaurante de esta maldita ciudad. ¡Nadie podrá arruinar que ahora soy alguien!

Al otro día, en la casa del abuelo.

Rufatti- Hola mamá, acá estoy; ¿cómo está el abuelo?

Gladys de Rufatti- Ay Cacho, está tan enfermo que de ésta, no se salva; pero no sabés cómo habla y reconoce a todos.

Mariela Rufatti- ¡Papá, papá!

Rufatti- Hija, hija, venga un abrazo; y vos Fernandito, vení para acá.

Gloria N. de Rufatti- ¡Mi amor!

Rufatti- ¡Querida!¿Viste cómo terminé ganando?

Gloria N. de Rufatti- Ay, Cacho, Cacho; no sabés cuánto te quiero.

Rufatti- Ahora el almacenero no nos va a negar el fiado y vamos a tener dinero para cubrir todas las cuentas. Mañana te comprás ropa nueva y zapatillas para Fernando.

Gloria N: de Rufatti- Pero Cacho, si todavía no vimos un peso.

Rufatti- Despreocúpate de eso que ya podés ir gastando. Vení Pedro, que acá tenés para tu salida.

Pedro Rufatti- ¡Gracias papá!¡Sos un genio!

Rufatti- Demostrale a tus amigas que ya no sos pobre. Andá y paséate en el coche que acá te doy la llave.

Pedro Rufatti- ¡Papi, sos un ídolo!

Rufatti- Pero cuidate, no vayás a chocar. Ustedes vengan conmigo que hoy tenemos que festejar.

Gloria N. de Rufatti- Cacho, es tu mamá que te llama por teléfono.

Rufatti- ¡Justo ahora que nos vamos a cenar! Pregúntale qué quiere.

Gloria de Rufatti- Parece que es tu abuelo. Está tan lúcido el nono que es como si nunca hubiese tenido nada.



Rufatti- ¿Dónde está?

Gloria N. de Rufatti - Ahí, en su habitación,recostado en su cama.

Rufatti- Voy a pasar.

Gloria N. de Rufatti - Andá, andá.

Rufatti entra sigilosamente en la habitación de su abuelo.

Rufatti- Permiso...

Oreste Rufatti- Cacho... viniste.

Rufatti- Abuelo... estoy acá como usted lo había pedido.

Oreste Rufatti- Vení aquí, al lado mío; sentate en mi cama.

Rufatti- ¿Qué le anduvo pasando?

Oreste Rufatti- Y... ya son muchos años, noventa para ser preciso, y, si de nada me olvido, mi cuerpo ya está cansado.

Rufatti- Ya se va a recuperar.

Oreste Rufatti- No Cacho, de esta no me salvo y ya siento que se me va el alma.

Rufatti- No diga eso abuelo que me va a hacer llorar.

Oreste Rufatti- ¿Por qué te creés que te mandé llamar? Guardá las lágrimas de verdad por si tu querida mamá alguna vez te deja. Sí Cacho, ésta es mi despedida. No sé si me quedarán días; o tal vez algunas horas, y seguro que no llego a fin de año. Pero lo único que me importa es que me escuchés bien y no solamente me oigas.

Rufatti- Qué quiere decirme abuelo, si yo no hice nada.

Oreste Rufatti- No todavía, pero te conozco bien Cacho, porque desde chico te he criado cuando tu papá te traía. ¿Te acordás cuando yo te retaba porque a tu prima Inés le sacabas todo el dinero de la alcancía? Siempre traté de enseñarte lo que estaba mal y lo que estaba bien, pero ya tu padre Andrés no me salió como yo quería porque mostraba más picardía que ganas de trabajar.

Rufatti- Pero abuelo, yo...

Oreste Rufatti- Dejame terminar que todavía soy tu abuelo y el tiempo no me sobra. Cuando vine a este país yo tema un sueño grande: que para salir adelante había que trabajar para vivir.
Siempre supe yo cumplir cuando empeñaba mi palabra, y así eran las cosas en esos años. Todo el mundo trabajaba y después se volvía a la casa a estar con la esposa y los hijos. Todo lo que después vino yo ya no lo entiendo: la televisión, los videojuegos y las copas con los amigos. Y ahora sé que sos concejal y que te metiste en política...

Rufatti- Sí, ayer gané la elección. ¿No me felicita?

Oreste Rufatti- Sólo le pido a Dios que dejes eso o que no te robes nada.

Rufatti- ¡Abuelo! ¡Me está ofendiendo!

Oreste Rufatti- Mira Cacho, callate y seguí atendiendo que el tiempo se me está acabando. Cuando ya no esté, recordá que en vida te dejé un nombre que fue símbolo de trabajo y dignidad.  No lo vengas a arruinar por sueños falsos de ropa y coche como tiene tu hijo más grande. Sí, no me mires así que así lo estuviste educando. Cuando él crezca vos sabrás si fuiste un buen padre.
Acordate de lo que te dice este viejo que,  de vivo, ya no le queda nada.

Rufatti- Abuelo, abuelo... no se vaya, (sollozando)

Oreste Rufatti- Andate que Dios pronto me llama y vos cumplí con lo prometido. Ahora dejame solo que el dolor no se aguanta.




V

Relator- Cuando Rufatti se hizo cargo de su bancada como concejal, no tardó mucho en demostrar que iba a hacer sólo estragos. Poco a poco se fueron acercando sus muchos conocidos para recordarle al oído los favores con que lo habían ayudado.

Rufatti- Bueno Pepe, acá tenés lo que te había prometido. Vas a tener tu oficina cómoda y confortable con café diario y mate para que no te compliqués la vida.

Pepe- Gracias Cacho, siempre fuiste un amigo.

Rufatti- Te lo tenés merecido por todos los carteles pegados.
Suena el teléfono celular de Rufatti.

Rufatti- Hola, ¿quién es? Ah... sos vos Mercedes. Sí, sí querida... ya lo sé que vos me hiciste favores. Pero yo también te los hice.¡Cuántas veces te dije que no me llames a este número! Imagínate todo este asunto si mi esposa se entera.Está bien, está bien,.. yo sé que fuiste la primera buscando mucha gente pero, ¿no podés esperar aunque sea dos o tres meses? ¿Me entendés negrita? Yo sé que vos sos buena y me sabrás comprender. Ahora me vas a tener que disculpar pero hoy tenemos que tratar lo que puede ser un gran problema. Chau mi amor, un beso.

Recalde y Klein- Hola Cacho.

Rufatti- ¡Muchachos!¿Me consiguieron eso?

Klein- Sí, no sabés cómo nos costó. El tipo no entendía, o no quería entender. Hasta que, por fin, lo pudimos convencer cuando invocamos tu nombre.

Rufatti- Es testarudo el hombre pero en el fondo es bueno.

Klein- Che, ¿pero si después de lo que hacemos no nos reconoce nuestra parte?

Recalde- ¿Te parece que es creíble?

Rufatti- Con el asunto del combustible denlo por hecho, porque de este viejo yo era amigo del hijo. Me conoce desde así de chiquito y siempre me tuvo estima; imagínate cuando le queden unos pesos de más encima.



Klein- ¿Y nadie se dará cuenta?

Rufatti- ¿Sabés qué cosa es ésta? (Le muestra un reloj nuevo.)

Klein- Un reloj.

Rufatti- Este reloj es el vuelto de una compra para una escuela y te juro que ni mi abuela va a impedir que se me escape esto. ¡Yo, acá, cambio el auto!

Recalde- Te seguimos Cacho, porque para esto sos un genio.

Rufatti- ¡Ya es hora de la sesión! ¡Rápido que tenemos que llegar!

Sesión en el Concejo Deliberante.

Edil Pereyra- .. entonces me pregunto yo si podemos permitir  el despilfarro descarado de los dineros del Municipio. ¿Cuáles son sus principios para gastar de esta forma que roza la sospecha por lo exagerado?

Edil Ocampo- No diga sospecha, edil Pereyra, que esta gente no conoce normas. Llámelo confirmación del cohecho.

Edil Recalde- ¡Cómo nos dice esto si no tiene prueba alguna!

Edil Pereyra- ¿Es que queda alguna duda cuando se gasta en combustible para que un solo vehículo gire  y vaya de aquí a la luna?

Edil Ocampo- Y estas facturas de comestibles, ridiculas por cierto, porque de hambre están muertos los destinatarios de los víveres.



Presidente del Concejo Deliberante- Les recuerdo a los ediles que guarden la compostura.

Edil Pereyra- ¿Y qué me dicen de la factura que nos ha venido de teléfono? ¿Desde cuando alguien de este pueblo habla alguna vez a Cuba?

Edil Orsi- Esta sesión es absurda, se lo digo yo, Señor Presidente.

Edil Ocampo- ¡Usted es una vergüenza para su investidura!

Edil Pereyra- ¡Delincuentes!

Edil Recalde- ¡Cállese la boca viejo insolente!

Edil Pereyra- ¡Cómo se atreve, caradura, a tratar así a este hombre que, a pesar de nacer pobre, nos ha honrado con su hombría!

Edil Rufatti- Mirá Pereyra, no seas tarado, que nosotros seremos los malos pero acá tenemos mayoría.

Edil Klein- ¡Bien dicho Cacho!

Presidente del Concejo Deliberante- Señores, no voy a permitir agravios en el Concejo Deliberante. Desde ahora en adelante, quiero todo calmo y claro.

Edil Rufatti- Dígame, Señor Presidente, si estos que acusan hacen algo.

Edil Pereyra- Cállese edil Rufatti y díganos cómo consiguió ese auto.

Edil Rufatti- Con mi trabajo y ahorrando, honradamente por supuesto.

Edil Ocampo- Y quién le va a creer eso si los que lo conocen de antes lo trataban de vago e incompetente.

Edil Rufatti- Que usted me insulte, eso, no se lo permito.

Edil Pereyra- Si insultarlo es defender al Municipio de gente rapaz como usted, entonces, que me disculpe su mujer pero yo, como edil, tengo principios.

Edil Recalde- Es la primera vez que veo un simio que sea edil y además que hable.

Edil Ocampo- Los simios no roban, ¿me entendió Recalde?

Edil Orsi- ¿Le puede pedir a su hermana que esta noche venga a mi casa porque con unos amigos tenemos una fiesta?

Edil Pereyra- Mejor que vaya su madre que para eso es buena.

Pereyra y Orsi se levantan para pelear, pero los separan a tiempo.

Presidente del Concejo Deliberante- ¡Basta ya!¡No voy a permitir
que esto vuelva a ocurrir en el Concejo Deliberante! ¡Que cada cual vuelva a su sitio y que se termine esto cuanto antes! ¡Silencio, por favor, señores ediles, que ahora votaremos los gastos!¡Silencio, por favor, he dicho! A ver señores concejales... no lo voy a repetir. Vamos a votar los gastos municipales del primer semestre de este año. Primero, que levanten la mano los que desaprueban lo hecho. A ver... sólo tres votos se han contado. Ahora, los que están de acuerdo... Veamos... siete son las manos. Los gastos quedan aprobados y la sesión se  termina en este momento.



Edil Ocampo- ¡Protesto Señor Presidente!

Presidente del Concejo Deliberante-  Usted, mejor que se siente y se vaya bien callado. Señores, hasta mañana si Dios quiere; el trabajo de hoy ha culminado.





VI

Rufatti habla por televisión.

Rufatti- Imagínese usted todo el progreso que nos va a traer la radicación de esta empresa de construcción que también fabrica cemento.

Periodista- Y, respecto del tema ambiental, ¿se tomarán todos los recaudos para que no se produzcan daños por los vertidos en el arroyo local?

Rufatti- Yo le puedo asegurar que hemos hecho un estudio a través de una importante empresa para que no surjan problemas ni nos lluevan insultos.

Periodista- Perdóneme que insista con el mismo asunto pero, en otros casos, hubo desde cáncer hasta problemas de vista.

Rufatti- Mire señor periodista, el estudio que hemos realizado está muy bien avalado por expertos ambientales y juristas. Además, usted se está olvidando de que aquí lo más importante es poner por delante toda esta fuente de trabajo.

Periodista- ¿Y cuántos puestos se estarán creando?

Rufatti- Ahora mismo, cien directos; pero de aquí a dos años estaremos esperando que se dupliquen los puestos.

Periodista- Parece que esta vez va en serio...

Rufatti- Claro que es cierto porque para eso hemos trabajado a conciencia y sin descanso con los otros compañeros.

Periodista- Gracias Concejal Rufatti, ha sido usted muy amable.

Rufatti- Como siempre, luchando por mi pueblo.

Relator- Así, el edil tramposo y corrupto hablaba por radio y televisión de todo lo que hacía en su gestión engañando a todo el mundo. Pero era tan astuto como delincuente porque, si bien traía empleo, sacaba más para beneficio propio que para bienestar ajeno.

Rufatti habla por su teléfono celular.

Rufatti- Hola, sí... soy Cacho, dame con tu jefe. ¡Dale que es urgente! Hola querido, ¿qué hacés? Ni idea te vas a hacer de lo que hoy estuve haciendo. Te cuento que me la pasé mintiendo por el canal de televisión. ¡Ja! ¡No sabés! Si hasta yo mismo me lo creo. ¡Qué actor que soy! Fíjate que el muy tarado tocó el tema ambiental y el vertido en el arroyo local, pero yo lo derivé a otro lado. Le hablé de lo laboral y de los puestos de trabajo. Ya está todo terminado, dalo por hecho. Vos quédate contento que, mientras yo esté adentro del Concejo Deliberante, vas a poder tirar hasta sangre sin que nadie te diga nada. Che... terminada esta pavada, vayamos a otra cosa... Acordate que todo lo que te sobra me lo debés a mí y no a otro, ¿entendiste, potro? Bien, bien; así son los amigos. ¿Tomaste nota de mi número de cuenta para depositar mi cometa? Si querés, te la repito. A ver... repetímela vos. ¡Bárbaro, es esa! ¿Cuándo me mandas el dinero? ¡Que tengo que esperar un mes entero! Está bien, no hay problema; soy un tipo comprensivo y hay que saber ser paciente. Bueno, Luis, me voy yendo porque estoy con otra gente, pero antes, dejame que te comente que fuiste todo un caballero. Me gustaría que nos viésemos todos juntos y en familia: vos con la tuya y yo con la mía. Y, si querés, lleva a tu suegra. ¿Sabés que me cae bien la vieja? Bueno, dale, nos vemos otro día.



Relator- Grandes eran los problemas en esos días para el desventurado pueblo porque en poco tiempo estuvo lleno de antros, casinos y otras porquerías. Nadie andaba seguro en las calles con los bandidos sueltos y la policía escondida, y, si los delitos no tenían justicia, de las causas el edil no era ajeno.

Rufatti- Vos por la habilitación, no te preocupés que yo te la saco rápido y barata; y, como si eso no fuera nada, con este papel, podés abrir el lunes.

“El Chalo’- Gracias Cacho, ¡sos un tigre! No sé cómo agradecerte esto.

Rufatti- Vos sabés. No sos un muerto. Nosotros ya hablamos del tema.

“El Chalo”- No te hagas drama que no va a haber problema. Después de una semana entera vas a tener un sobre en tu casa.

Rufatti- Y... ¿con este negocio tanto se gana?

“El Chalo”- Sí, si lo atendés bien y dejás conforme a la gente. Ahora voy a poner un show decente con bailarinas y un buen cantante. Además, las chicas que me traje son las mejores del continente.

Rufatti- Ja, ja, ¡qué bien Chalo!Ojalá que el negocio sea bueno, pero vos sabés que en este pueblo tenés que ver a la policía de antemano.

“El Chalo”- Eso está todo arreglado. Hablamos del servicio y del porcentaje. Y de los asuntos más graves, se encarga el comisario.

Rufatti- Ah... también arreglaste eso.

“El Chalo”- ¡Seguro! Te deja muchos pesos como para que la dejés de lado, pero cuidado... que yo no vendo nada afuera. Por mí, no vas a ver a ningún muchacho que ande vendiendo en las esquinas porque, sino viene la policía y me rompe todo a pedazos.

Rufatti- Sí, ese es un asunto delicado, pero si te deja una diferencia...

“El Chalo”- Dejar, deja; pero tenés que tener todo controlado.

Rufatti- Bueno Chalo, me voy a ir para casa. ¿Te acordás adonde vivo?

“El Chalo”- Yo no me olvido de los amigos que, como vos, me hacen gauchadas.

Rufatti- Entonces el otro lunes te espero con bizcochos y mate para celebrar cuanto antes el éxito de tu comercio.

“El Chalo”- Bueno, nos vemos. Yo llevo algo más.

Rufatti- Dejá, no sabés lo que hay en casa. Vos venite nomás, que la fiesta va a estar preparada.



VII

Seis años después, en un bar del pueblo...

Comensal I- Mirá quién va ahí.

Comensal II- ¿Quién es? Yo no veo nada.

Comensal I- Ese es el auto naranja del corrupto de Rufatti.
No me digas que no lo conocés.

Comensal II- No sabía que era de él.

Comensal I- Eso yo te lo afirmo, si el coche se lo vendió un primo, el gordo ese que tiene campo.

Comensal II- Así que ahí va el tipo que nos ha dejado pobres, sin asfalto ni cordones, y con una deuda de escándalo.

Comensal I- Sí, es ese mismo, que por sólo instalar una fábrica le permitimos que se robara hasta los árboles de la plaza y nos dejara sin sombra.

Comensal II- Pero ése era un problema de estética.

Comensal I- ¡Eso fue un problema de ética! ¿Sabés dónde están esos árboles ahora? En una carpintería de obra y, al carpintero, no le salió casi nada.

Comensal II- No puedo creer que sea tan chanta, si hasta simpático parece.

Comensal I- Decime cuántas fueron las veces que viste un sinvergüenza que no sonría.

Comensal II- ¡Tenes razón! ¡Qué estupidez la mía por no haberme dado cuenta!

Comensal I- Yo siempre supe que iba a ser así, si desde chico lo conozco. Jugando era muy tramposo y era ventajero porque sí. Y cuando era empleado había que ir a buscarlo para que fuera a trabajar. Miralo ahora adonde está, si de pura lástima no lo echaron, en un buen sillón sentado sin que nadie lo venga a molestar.

Comensal II- Y pensar que yo lo he votado... Es que era tanto lo que prometía en sus discursos de esos días que a todos nos ha embaucado.¡Encima fue reelegido!Cómo pudimos haber hecho eso conociéndolo tanto y creyéndolo bueno. ¡Qué tontos fuimos!

Comensal I- Bien dicho... ustedes fueron. Yo ya sabía quién era y en lo que se convertiría; pero, como nunca se equivoca el pueblo...

Comensal II- Y pensar que era compañero nuestro...

Comensal I- Che... ¿y vos qué hacés que no estás en tu puesto? Porque vos también, como él, trabajás en la Municipalidad.

Comensal I- Esteeee... ¡mozo, otro café! El auto de Rufatti para frente al banco del pueblo.

Rufatti- Hola Mariela, dame con el gerente y decile que ya estoy acá.

Gerente- Adelante...

Rufatti- ¡Amigazo!Qué alegría me da verlo tan rozagante y también tan guapo.

Gerente- Dale, pasa...

Rufatti- Bueno, acá está todo lo que te había prometido. Ahora yo ya he cumplido y a vos te toca tu parte.

Gerente- ¿Ya los contaste?

Rufatti- Sí, uno a uno, y está todo en el maletín.

Gerente- Vamos a ver...esperá que llamo al tesorero.

Rufatti- Sí, acordate que yo no puedo ser visto por estos lados. Está todo muy complicado y la gente está nerviosa en el pueblo. Si algo de esto es descubierto ¡ay de mi y de los míos!, porque yo, de este lío, sólo me escapo muerto.

Gerente- No te preocupés, que esto no sale de aquí. Viene el tesorero y comienza a contar el dinero.

Gerente- La verdad amigo Cacho, es que nunca en mi vida he visto a alguien tan caradura y listo pero a su vez tan arriesgado.

Rufatti- No es tan grande el riesgo que tenés por traer la plata a depositar si después devuelvo el capital y me quedo con todo el interés. Después de quince días, ya no pasa nada; total, con retraso cobra todo el mundo.

Gerente- ¿Y no se quejan los empleados por cobrar tan atrasados? Mirá que quince días es mucho.

Rufatti- Que esperen esos vagos. Que sepan que hay un tiempo para el trabajo y también otro para cobrar.

Tesorero- Ya está. Todo bien, juntito y contado.

Rufatti- ¡Listo! Ahora vayamos al trato.

Se va el tesorero y se lleva el dinero de Rufatti.

Gerente- Sí, Rufatti... pero antes contame algo y no te pido que me des nombres. Decime si estás sólo en este corte porque es mucho lo que estás arriesgando.

Rufatti- No papito, estás muy equivocado; sólo soy parte de un equipo. Nombres, no te voy a dar; pero, como te podés imaginar, detrás de mí hay otros tantos. Y no son ningunos gatos, sacando un par de compañeros, los que están detrás de esto con los dientes bien afilados.

Gerente- Tené mucho cuidado, yo sé lo que te digo...

Rufatti- Vos quédate tranquilo que está todo arreglado. Además, con las tasas que están dando ésta es la oportunidad del siglo.

Gerente- Está todo muy complicado, yo no estaría tan seguro.

Rufatti- Para terminar el asunto, ¿qué tasa me vas a dar? Fijate que te traje esta cantidad que es tan grande que hace bulto.

Gerente- Y mirá... hoy estuve hablando con la Gerencia Financiera y me dijeron que te diera este interés que te estoy mostrando.

Rufatti- ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuánto? ¿Esto es verdad o es una broma de mal gusto? Si esta tasa es mensual no te preocupes que te lo dejo; pero si esto es al año, mejor la entierro en el patio y los gusanos no me darán menos.

Gerente- No, pará... no te vayás.

Rufatti- No me voy, vos me estás echando. Mirá, no perdamos tiempo, llámame al tesorero y decile que me perdone pero yo, en estas condiciones, no les dejo el dinero.

Gerente- Pero escúchame...

Rufatti- ¡No te escucho y me lo llevo!

Rufatti se levanta enojado para irse.



Gerente- Está bien. Hacé como quieras... Pero fíjate que ahí afuera está lleno de gente esperando. Imagínate si te ven de salir de aquí con un maletín cargado de plata justo cuando no les pagan a los empleados municipales.¿Sospecharán del edil?

Rufatti sonríe y se vuelve a sentar.

Rufatti- Bueno Haroldo, mejor me quedo, pero, ¿no me podés dar tres puntos más? Mirá que es una buena cantidad. ¡Dale! Sé bueno...

Gerente- ¡¿Tres puntos?! Yo no te doy ni medio.

Rufatti- Mirá que me la llevo en serio y a mí no me importa nada.

Gerente- Está bien...¡un punto más y basta! No jugués más conmigo que ya te di demasiado.

Rufatti- Haroldo, ¡trato hecho! Choque la mano, y te digo que, más que un amigo, sos para mí como un hermano.

Rufatti sale del banco sigilosamente sin que nadie lo vea, y se va en su auto rumbo a su casa.

Rufatti- Querida... ya llegué del trabajo.

Gloria N. De Rufatti- ¡Qué suerte, te estaba esperando!

Rufatti- Deja todo que nos vamos; tengo algo para mostrarte.

Gloria N. De Rufatti- Pero... y la comida.

Rufatti- Dejala que se enfríe.

Gloria N. de Rufatti- Es que va a venir a limpiar la chica.

Rufatti- Dale el día libre.

Gloria N. de Rufatti- ¿Y Fernando?

Rufatti- Traelo al auto, que a él también le va a importar.

Suben al auto. Rufatti maneja.

Gloria N. de Rufatti- ¿Dónde me estás llevando?

Rufatti- Vos callate y esperá.

Gloria N. de Rufatti- Cacho, ¿por qué tanto misterio? ¿No será algo malo?

Rufatti- Mientras yo manejo vos andá observando y quédate tranquila que esto es algo bueno. Mirá todo a tu alrededor, fíjate cuántos terrenos... ¿Te acordás cuando éramos chicos y que todo esto era campo? Por allá había un árbol y por acá pasaba un micro.

Gloria N. de Rufatti- Sí, me acuerdo.

Rufatti- Bueno, ya estamos llegando...

Gloria N. de Rufatti- ¿Qué es esto?

El auto para frente a un terreno que tiene una obra en construcción.

Rufatti- ¿Y, qué te parece? Je, je... no decís nada. ¿No te das cuenta que lo que ves es nuestro?

Gloria N. de Rufatti- ¡No puedo creer lo que veo!

Rufatti- Tocalo y pónete contenta; pero ojo que falta bastante. ¿Te gusta cómo está quedando?

Gloria N. de Rufatti- ¡Pero esto va a ser un palacio! ¿Y el dinero de dónde lo sacaste?

Rufatti- No preguntes tanto ni sepas demasiado pero la mano de obra y algunos materiales, me los dejan los municipales, de algunas cositas que sobran.

Gloria N. de Rufatti- Que Dios te conserve la picardía, y ojalá que no llegue el día que por esto vayas a la cárcel.

Rufatti- No digas tonterías, dame un beso y abrazame.






VIII

Una semana después.

Rufatti- El motivo por el que te vengo a ver, y sé que estás muy ocupado, es porque tenés campo y algo juntos podemos hacer.

Néstor González- Explicame bien y dejá todo bien claro que desde hace rato tendría que estar con la miel.

Rufatti- ¡Cierto! ¡El negocio que tenías con aquel! ¿Y cómo te está yendo?

Néstor González-Y ahora estamos exportando, como el dólar está caro...¡Nos tocó un buen momento! Pero no me hagás perder más  tiempo y vayamos al grano.

Rufatti- Te llamé para proponerte algo porque, como vos sabés, de muchas cosas me entero desde mi puesto de concejal. Te cuento que están por aprobar el nuevo camino al balneario que, después de tantos años, justo ahora lo van a realizar.

Néstor González- ¿Y yo qué tengo que ver?

Rufatti- Que el camino pasa por tu campo...¿ahora me entendés?

Néstor González- ¿Y vos cómo sabés si no pasa por otro lado?

Rufatti- Porque tengo contactos y mis informantes son buenos. ¿Querés que me vaya o sigo con el cuento?

Néstor González- Soy todo oídos Cacho. Ahora me quedo.

Rufatti- Como te estaba diciendo, el camino pasará por tu campo y por los de otros chacareros, por eso yo me dije: “Con mi amigo Néstor, ¿no podremos ganar algo?”.

Néstor González- Y la maniobra, ¿en qué consiste?

Rufatti- Dejame que te explique... Vos vas a recibir una nota de expropiación en un mes o dos avisándote de esto; entonces, elevarás un protesto a través de cierto abogado, diciendo que tu campo fue desastrosamente dividido y que, por culpa del camino, te arruinarán su explotación.

Néstor González- Y decime vos, ¿a quién le elevo el caso?

Rufatti- ¡A papá...! Yo ya tengo al abogado.

Néstor González- ¿Qué pasa con el juez si tarda mucho o falla en mi contra?

Rufatti- Vos no te preocupés y dejame a mí estas cosas que ya está todo solucionado; porque acá todos agarramos una parte, total... si va a terminar pagando el Estado.

Néstor González- ¡Rufatti, sos un genio! Lo tuyo es un arte; los tenés a todos en tus manos.

Rufatti- ¿No me merezco un premio? ¡Qué talento desperdiciado!

Néstor González- ¿Y nosotros cómo arreglamos?

Rufatti- Vamos a mitades.

Néstor González- Ah no, ¡así no vale! Vos te llevás demasiado.

Rufatti- Mirá González... o seguimos adelante o acá la cortamos y cada cual, a su casa. Sino pensá qué te conviene: si la mitad de mucho o todo de casi nada.

Néstor González- Está bien... el que sabe, es el que gana.

Rufatti- Además, no sabés cómo me tomé este trabajo; durante días estuve pensando cómo hacer y con quién.

Néstor González- Gracias por acordarte de mí.Che, pero este caso,
¿lo vas a hacer con cuántos?

Rufatti- Con cinco o séis.-.

Néstor González- Te va a ir muy bien si a cada uno le sacás algo.

Rufatti- Pero ojo que después hay que repartir y acá también está un diputado.

Néstor González- Estás muy bien relacionado.

Rufatti- Bastante...siempre hay alguien a quien conocer.

Néstor González- A ver si de esto también sabés... ¿qué te enteraste del feriado bancario?



Rufatti- ¿De qué me estás hablando?

Néstor González- ¿Cómo? ¿No te contaron? Hoy habla por televisión el Ministro de Economía para anunciar nuevas medidas que controlen la situación. ¿No me creés lo que te digo o no ves las noticias? Esto fue primicia el último domingo.

Rufatti- Gracias por el aviso y, perdóname, pero tengo que estar con mi familia.

Rufatti llega a su casa.

Rufatti- ¡Mi amor!¡Prendé el televisor! ¿A qué hora habla el Ministro?

Gloria N. de Rufatti- Creo que ahora mismo; debe estar hablando. Pero, desde cuándo tanto entusiasmo por lo que diga ese tipo.

Rufatti- Vos callate, que de la boca de este tarado depende el futuro de nuestros hijos.

Gloria N. de Rufatti- ¡Silencio que ahí habla! Habla el Ministro de Economía por televisión.

Ministro de Economía- En nuestro futuro económico sólo caben recortes, despidos, privatizaciones, ajustes y demás sacrificios. Yo les digo, queridos conciudadanos, que la Patria está en peligro y demanda de nosotros mismos un gran esfuerzo y hasta un milagro. No les prometo aumentos ni tampoco buenos salarios, sólo nuestro sudor cotidiano para revertir todo esto...

Rufatti le hace un comentario a su mujer.

Rufatti- No es nada raro, sólo algo más de lo mismo.

Gloria N. de Rufatti- Pará que el discurso no ha terminado.

Ministro de Economía- Con respecto al sistema financiero,a partir de mañana es feriado ya que los bancos estarán cerrados hasta el lunes venidero. Todos los depósitos serán congelados y en bonos convertidos y devolveremos los mismos todo junto y en diez años. El pago para los maestros...

Rufatti se queda mudo en su sillón; su rostro empalidece.

Gloria N. de Rufatti- ¡Cacho! ¿Qué te pasa? ¡Estás pálido!

Rufatti- Por favor, dame algo; vino, mate o aunque sea agua.

Gloria N. de Rufatti- ¡Tranquilizate! Tomá, acá tenés.

Rufatti- Antes, apagá la televisión que ya escuché demasiado.



Rufatti sigue inmóvil e inmutable en su sillón. La mujer apaga la tele­visión.

Rufatti- ¡No puede ser! ¡Por Dios, por Dios! ¡Ahora sí estoy acabado! ¡Maldita sea la ley!

Gloria N. de Rufatti- ¡Cacho! ¡Cacho! Para, cálmate; por favor, sosegate y dejá todo.

Rufatti- ¡Dejame solo! ¡Dejame solo te digo que ahora sí estoy perdido y no me salva ni un milagro...!

Gloria N. de Rufatti- Pero, ¿qué ha pasado para que estés así? Vos no te ponés loco porque sí; esto tiene que ser algo muy malo.

Rufatti- ¡Ya sé! Algo voy a poder hacer. Me voy ahora mismo en el auto.

Gloria N. de Rufatti- Cacho... ¿tenías plata en el banco? ¿Ése es el problema que tenés?

Rufatti- Callate mujer que este asunto es complicado.

Al otro día, Rufatti se va en auto al banco. Una muchedumbre espera desesperada en la puerta.

Rufatti- ¿Qué pasa? ¿No abren hoy?

Mujer- ¿Es que todavía no se enteró lo que el ministro estuvo diciendo? Que por diez años enteros nos congelan los ahorros.



Rufatti- Yo sólo quiero ver al Gerente. ¡Abran la puerta!

Rufatti golpea la puerta del banco.

Mujer I- Pero, ¿quién se cree que es para que a usted lo atiendan? ¿Por qué no se da vuelta y se pone en la cola?

Hombre I- Déjelo señora, lo que usted no entiende es que el señor no está con la gente, porque él ahora es concejal; y, en vez de gobernar, viene aquí a atender sus asuntos porque debe tener de los suyos para venir acá a protestar.

Hombre II- Che, yo soy municipal; ¿qué pasa con nuestros sueldos que hace una semana que esperamos? ¿Cuándo nos van a pagar?

Mujer II- Yo lo conozco de otro lado. Usted se está haciendo una casa con materiales robados del corralón municipal.

Rufatti- ¿De qué me está hablando?, ¡yo soy un hombre decente!

Hombre III- ¡Vos sos un delincuente! ¿O te creés que no te conocemos?

Hombre IV- ¡Ladrón, corrupto, atorrante! Así le saliste a tu abuelo que tan bien te había enseñado.

Rufatti- ¡Paren, paren!

Mujer II- ¡Devolvé lo que te robaste!

Relator- Así, esquivando a todo el mundo, que casi lo termina rodeando, Rufatti se escapó en su auto ya pensando en nuevos rumbos.

Gloria N. de Rufatti- ¿Y Cacho, fuiste al banco?

Rufatti- De ahí mismo vengo pero, si no me escapo, o me rompen el coche o me quiebran los huesos.

Gloria N. de Rufatti- ¿De qué estás hablando?

Rufatti- Que estaban todos como locos porque les quedó la plata adentro y algunos me reconocieron por el cargo que tengo de concejal. Me atacaron tan mal que me tuve que volver. Sin falta debo resolver cómo de este lío voy a zafar. Tengo que hablar con el Gerente. ¡Dame ese teléfono! ¡Es urgente!

Rufatti- Hola Haroldo, ¿cómo estás? Sí, sí, me imagino... pero a mí me pasa lo mismo y es por eso que te hablo. Es porque estoy aterrorizado por la sorpresa del congelamiento. Imagínate todo ese dinero que tengo ahí depositado. ¿No podés hacer algo para sacar todo eso? Mirá hermano, vos sabés que soy generoso, y, si me sacás de este pozo, me voy a aparecer con un regalo. Por favor Haroldo, hacelo por mis hijos. Es por ellos que te lo pido; haceme esta gauchada. No me devuelvas toda la plata, aunque sea quédate con el interés y yo sólo me llevo el capital. Hacemos todo para atrás y nunca más nos volvemos a ver. ¡Te lo ruego, te lo imploro! Si querés, me pongo de rodillas, ¿o hay algún otro modo? Si no devuelvo el dinero te aseguro que me matan, después quemarán mi casa y de mi familia, ni te cuento. Dale, sé bueno... ¿Cómo querés que te lo pida? ¡¿Qué?!, ¿no podés? Agarrá primero el teléfono y llamá urgente a Buenos Aires, vos debés conocer a alguien para explicarle todo. Mirá Haroldo... ¡Haroldo, Haroldo!

Gloria N. de Rufatti- ¿Qué pasó Cacho?

Rufatti— El maldito me colgó, pero ya algo se me ocurrió para que de esta salgamos flotando. Vos andá empacando todo lo que puedas, y que te ayude Mariela que para eso es mujer. Que trabajen los nenes también y que guarden hasta la ropa vieja.

Gloria N. de Rufatti- ¿Nos vamos de acá?

Rufatti- Volando lo antes posible, y, si podés, guardá víveres que nos vamos para la capital.

Gloria N. de Rufatti- ¿Adonde dijiste?

Rufatti- No preguntés más que ya estoy llamando.

Gloria N. de Rufatti- ¿A quién?

Rufatti- Shhh, ¡callate! Hola, ¿está el diputado? Hola Negro, ¿qué hacés? Soy yo, Cacho, ¿te acordás de la otra vez...?





IX

Relator-Escapando del castigo seguro que le darían en su pueblo, Rufatti no fue lento en huir a la Capital Pronto logró contactar a un amigo suyo, diputado, que también estaba implicado en el asunto de los sueldos. Y olvidándose de aquello le consiguió un buen trabajo como secretario privado de un asesor que era su suegro. Y, entre tanto y tanto, fue haciendo contactos con un nuevo grupo de gente, más poderosa e influyente, que los que conocía en su ciudad. Nadie se salvaba allá, de ser vago, corrupto e inoperante porque, desde el portero al más importante, sacaba partido de su puesto haciendo que, los más honestos, fueran los que menos robaban. Él tan sólo era uno más de los muchos que se abusaban con las horas extras y las llamadas que se hacían por teléfono. No pasó mucho tiempo hasta que pudo demostrar que lo suyo era hablar hasta levantar a los muertos. Entonces, la gente de su partido, pronto lo nombró candidato a una bancada de diputado para la cual sería elegido. Vigésimo estaba en la lista, y, como otra oportunidad en la vida nunca más iba a tener, de hablar se encargó él difamando a otros con mentiras ruines porque, para que un político sea elegible, sólo le basta con sonreír y prometer.

Rufatti- ... Son todos unos inútiles, creanmé lo que les digo. ¡Así como lo hizo el último Presidente, también lo hará el que viene a prometernos más de lo mismo!

Una ovación interrumpe el discurso de Rufatti.

Sánchez- Che, ¡pero vos sos un grande! ¿De dónde cuernos sacaste todo ese talento, si vos venís de un pueblo donde apenas hay televisión?

Rufatti- No me halagués tanto, por favor. Es que yo practicaba frente a un espejo imitando todos los gestos y hablando solo con un reloj.

Sánchez- ¿Con un reloj?

Rufatti- Sí, con un reloj. ¿Sabés cómo es? Práctico siempre delante de un espejo y empezaba temprano a la mañana. Cuando el tic tac ya no escuchaba, entonces mi alma comprendía que con el fin de otro día...

Sánchez- Mmm... pará Rufatti, que no te creo nada.

Rufatti- Ja, ja, ja... era una cargada, pero casi te la creíste.

Sánchez- Mirá Rufatti, como vos, pasaron miles que se creyeron más que listos y que todo lo habían visto a pesar de venir de un pueblo. ¿Sabés cuantos siguieron? ¿Tres? ¿Dos? ¿Uno? ¡Tal vez ninguno! ¿Entendiste? ¡Ninguno! Así que no te la creas, que por más que miles de pobres griten, te aplaudan o te lloren, acá, sin ayuda, no llegás ni a la azotea.

Rufatti-¿Y a esta campaña quién la está pagando?

Sánchez- Uno que es dueño de un banco y otro que tiene un astillero; y, cuando nosotros ganemos, algo se estarán llevando.

Rufatti- ¿Y por mucho es el acuerdo?

Sánchez- Un par de empresas, más que eso, no creo.

Rufatti- O sea que se las vendemos destruidas y por dos mangos; y ellos, después de un año, echan un montón de obreros y recuperan todo lo puesto en menos de lo que canta un gallo.

Sánchez- Muy bien, es así más o menos.¡Qué rápido vas aprendiendo! Pero mejor, de lo que te dije, mantenete bien callado.

Rufatti- Despreocupate que mi boca tiene un candado y yo ya lo tengo puesto.

Sánchez- Ah, Rufatti,me olvidaba de decirte... me dijeron que te invite a una fiesta en lo de Alberto.

Rufatti- ¿Qué Alberto?

Sánchez- Aquel que estaba en un aprieto y pudimos sacarlo vivo. Me dijo que el próximo domingo vayamos los dos a su country nuevo.

Rufatti- ¿Tanta plata tiene ése?

Sánchez- No es lo que parece, pero tiene de todo y en todos lados.

Rufatti- Y nosotros aquí esperando que alguien nos recuerde...

Sánchez- Che, ¿te comenté de los carteles que hay que salir a pegar?

Rufatti- No, ¿cuándo hay que empezar?

Sánchez- Como está la campaña, creo que mañana mismo. Hay que recorrer todo un distrito y seguro nos llevará una semana.

Rufatti- Contá conmigo,no te hagas drama; pero antes, decime una cosa; para pegar estos afiches ¿quién se lleva la plata?

Sánchez- No preguntés tanto y tan rápido no te avivés que, a los que no se hacen los giles, se les acaba pronto el tarro.

Rufatti- Che, no te enojés, sólo te estaba preguntando.

Sánchez- Mirá, te voy a decir algo; vos hacé buena letra y mantenete callado que recién estás empezando. No quieras hacer todo a la ligera; si bien tenés un padrino, si querés más de lo convenido, eso es estar contra las reglas. Lo que yo acá te digo es porque llevo años en esto; de la política muchos comemos, pero no quieras el bocado del vecino.

Rufatti- Está entendido.

Sánchez- Otra cosa para que tengas en cuenta es que, aunque no lo veas, siempre hay alguien que corta la torta.

Rufatti- ¿Y acá quién la corta?

Sánchez- Mirá Rufatti, volvamos a lo nuestro que a la lección la tenés aprendida. Te llamo mañana al mediodía para confirmarte la hora.

Rufatti- Está bien, voy a ir con esta ropa. Si no estoy, decile a mi mujer que ella me deja una nota.



X

Relator- Una semana entera tardaron en pegar afiches que se contaban por miles y dejaban la ciudad cubierta. Un rostro se hizo familiar, sonriente, seguro y simpático diciéndole a todos los incautos que la solución era irlo a votar. La fiesta en el country de Alberto.

Sánchez- Y, ¿viste Rufatti?, quedó todo bien pegado.

Rufatti- Nos costó mucho trabajo, pero al final valió la pena, dejamos las paredes llenas y no quedó libre ningún árbol. Qué contento va a estar el candidato cuando pase y vea su cara... ahí, en cada calle, en cada plaza; con su sonrisa en todos lados. Ahora no va a haber nadie que no lo vote.

Sánchez- Eso lo veremos en las elecciones, pero, como van las encuestas, seguro que ganamos por robo. Además, después de todo, el jefe quedó tan conforme que es casi seguro que te nombre para que en esto agarres algo.



Rufatti- Gracias Sánchez, no sabés cómo lo estoy necesitando después del asunto del pueblo.

Sánchez- Quédate tranquilo, que un distrito entero va a ser todo tuyo. Parece que le caíste simpático a más de uno. Rufatti... ¿me estás escuchando?

Rufatti- Es que estoy impresionado por esta gran fiesta. Todo esto ¿cuánto cuesta?, si hasta el tipo parece un tarado.

Sánchez- Es que Alberto sabe apretar las teclas y, donde pone el dedo, seguro que se hace más millonario.

Rufatti- ¿Tan hábil es?

Sánchez- Y... tiene sus contactos.

Rufatti- Che, esos que están ahí me parecen conocidos.

Sánchez- ¿Esos? ¡Más vale! Son todos mis amigos; vení que te los presento. Sánchez y Rufatti se acercan al grupo de personalidades que estaban conversando muy alegremente.

Sánchez- Hola muchachos; ¿cómo anda eso?

Actriz- Hola querido, tanto tiempo.

Futbolista- ¿Qué hacés Sánchez?, siempre nos encontramos en las fiestas de Alberto.

Diputado Vallejos- Así que vos sos Rufatti.

Rufatti- El mismo, Diputado Vallejos.



Diputado Vallejos- Que hayas venido es bueno,teníamos ganas de conocerte.

Rufatti- ¿En serio me están diciendo?

Futbolista- Pero claro Negro, vos sos uno de los nuestros.

Actriz- Vos hablando, sos único, yo eso te lo afirmo porque algunas veces te he visto dando un par de discursos. Cuando quieras subir al escenario, llamame a este teléfono; no importa día ni horario y sólo presentate con esto.

Sánchez- Tenés carisma Cacho.

Futbolista- Negro, haceme caso a mí y mirá a tu alrededor; acá todos somos como vos porque nos destacamos en algo. Yo, con la pelota; ella, con el escenario; aquel, haciendo barcos; y vos,
hablando, sos un maestro. Yo también vine de un pueblo donde era pobre y despreciado pero me sobraba talento  y no me alcanzaba con un trabajo.

Actriz-             Acá los tipos comunes no entran; para ellos, está la oficina.

Diputado Vallejos- ¿Tenés familia?

Rufatti- Mi señora, dos varones y también una nena.

Actriz- ¿Tenés fotos?

Rufatti- Sí, acá las tengo.

Diputado Vallejos- ¿Me dejás verlas?

Futbolista- ¡Epa, Negro! ¿Ésta es tu piba? Te salió muy linda; ¿me dejas decirte suegro?

Rufatti- Es muy inteligente, ya está en la Universidad y, en un par de años más, será mi abogada.

Diputado Vallejos- ¿Y cómo decís que se llama?

Rufatti- Mariela, ése es su nombre.

Actriz- ¿Y éstos que están acá?

Rufatti- Son mis dos varones, Pedro y Fernando; y, aunque el más grande sea un vago, igual son mis amores.

Futbolista- ¿Tan vago es?

Rufatti- Mirá, no me lo nombrés; siempre me agarra el auto y,  entre salidas y gastos, me sale más caro que un choque. Ay, este Pedro, este Pedro... si sigue así, voy a tener que ser presidente para poder mantenerlo.

Actriz- Che, ¿y cómo ven las elecciones?

Rufatti- Yo muy conforme, seguro que ganamos.

Diputado Vallejos- Según las encuestas,seremos amplios ganadores.

Rufatti- A esos muertos los robamos y les sacamos una vuelta.

Sánchez-¿Y Cacho, qué te parece la fiesta?



Rufatti- Acá es todo de primera; el vino, la comida, mirá qué compañía, y hasta la música parece buena.

Futbolista- No te hagás problema que después te presentamos unas chicas.

Rufatti- No está mal la idea.

Sánchez mete su mano en el bolsillo, saca un papel plateado y aspira.

Rufatti- ¡Eh! ¡Sánchez! ¿Qué estás haciendo?

Futbolista- ¿Nunca viste eso?

Rufatti- No me digas que te estás...

Sánchez- ¿No querés probar? Mirá que de esta no hay en tu pueblo.

Rufatti- No te creas... yo de este negocio conocía al dueño.

Futbolista- Dale, no seas tonto, sólo sentile el gustito. Animate.

Actriz- No sabés lo rica que es.

Diputado Vallejos- Hacelo despacito que no se te cae.

Futbolista- De a poco... sosegate, que te va a hacer mal.

Rufatti- Ahhh... ¡ya está!

Futbolista- Ya sos uno de nosotros, ¡qué bien!

Diputado Vallejos- ¿Y, cómo te sentís?

Rufatti- Un poco raro pero feliz y mucho mejor que recién. Y vos, ¿contame cómo hacés para jugar así?

Futbolista- Vos no gambeteás más por tomar algo; el talento es innato y eso no lo comprás.

Rufatti- Me siento fuerte, tanto como un león. ¡Quiero más!

Sánchez- ¡Pará! ¡Te va a hacer mal! Ha sido todo por hoy. ¡Sos muy atolondrado! ¿Adonde querés llegar?

Diputado Vallejos- Silencio que ahí habla el candidato.




XI

Relator- Ganaron las elecciones tal como lo habían previsto; entonces el país quedó listo para sus manejos y “errores”. Errores grandes, errores chicos el robar se les hizo vicio, total, nunca nadie dice nada; el Estado es tonto y siempre paga. Pronto demostró que él era también muy hábil para que caiga la presa fácil y en eso de tejer una red. Ya con la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados tenían el camino allanado para que la resistencia fuera nula. Así estaban bien cómodos, con la fiesta instalada, y, si alguien de corrupción hablaba, Rufatti con discursos justificaba todo.

Rufatti- Déjeme a mi señor Presidente acusar a este mal diputado de obrar con descaro en perjuicio de nuestra gente. Es imperioso para ellos trabajar como siempre han sabido para alimentar a sus hijos que sólo les piden pan. ¡Pan, señor, sólo eso piden! ¿Qué quiere que hagan, que salgan a robar?

Diputado Real- No vengan a decirme que por esto no reciben una buena tajada;  por eso la cosa está cuestionada. El contrato que se quiere adjudicar  a esta empresa constructora es, sobre todo, sospechosa,  y viciada de nulidad.

Diputado Rossi- Nulidad dice, ¿y dónde ve la sospecha?

Diputado Sánchez- Mire diputado Real, ¿por qué no empieza a enumerar los proyectos de su partido? Ustedes parecen dormidos de tan inactivos que están.

Diputado Real- Ustedes no me quieran tomar por necio e inoperante porque tanto o más importante que hacer, es no robar.

Rufatti- Levante usted un poco su voz porque no lo podemos escuchar, o júntese un poco más con esos, que son los suyos, para que hagan un poco de bulto, o que vengan aquí a hablar.

Las risas interrumpen el discurso de Rufatti. Algunos aplauden. Presidente de la Cámara de Diputados- Le pido al diputado Rufatti que no sea tan sarcástico y que se limite sólo a opinar.
Prosiga Diputado Real.

Rufatti- Me permite señor Presidente... si sigue hablando el Diputado “éste”  no vamos a llegar a nada. Ya son las cuatro de la mañana  y todavía seguimos  discutiendo en círculos,  nosotros proponiendo lo mismo y ellos encerrados en su terquedad.

Presidente de la Cámara de Diputados- Le recuerdo cuando se refiera usted al diputado “ése”,  que su investidura respete porque su nombre es Real.

Diputado Real- No se trata de la hora. ¿Me entendió señor diputado? ¿No le parece demasiado caro el precio de semejante obra?

Diputado Rufatti- El fin está justificado por lo que queremos concretar.

Diputado Real- No, decididamente es malo porque el monto es millonario y nunca se va a terminar.

Diputado Rufatti- Una autopista de casi mil kilómetros, prodigio de la ingeniería vial, futuro orgullo nacional, y usted viene y me pincha el globo.

Diputado Real- Si el orgullo para usted es todo yo le digo que esto será una vergüenza cuando se saquen cuentas de lo mucho que hemos gastado. Siempre tenemos que escuchar que, para hacer pública una obra, se gasta el doble ,y por ahora...  y queda por menos de la mitad.

Diputado Ferro- ¡El problema es que nadie controla!

Diputado Real- Además, el contrato a firmar por las cifras es obviamente una estafa, y el estado el que lo debe pagar.

Diputado Rufatti- Diálogo de sordos, así lo llamo yo. Usted habla sin pruebas y yo, para el problema, primero busco la solución. Necesitamos reactivar la obra pública, hacer escuelas, construir rutas, y darle a la gente vivienda, porque con magia esto no se arregla y menos sin educación.

Aplausos interrumpen el discurso de Rufatti.

Diputado Ferro- Pero Rufatti...si usted no terminó la escuela...

Diputado Real- Es mi deber como buen patriota conocer de este caso toda la verdad.

Diputado Rufatti- Discúlpeme Diputado Real...¿me está tratando usted de idiota? Porque no sé de qué me acusa.

Diputado Real- Yo no voy a cargar la culpa de lo que ustedes quieren firmar. Además, cómo no voy a sospechar con la vida que lleva usted mismo si siempre viste trajes distintos y nunca maneja el mismo coche.

Presidente de la Cámara de Diputados- Silencio señores Diputados, vamos a terminar esta noche. El que está de acuerdo que levante la mano.

Relator- Mientras tanto, se contaban los votos para aprobar la. ley Rufatti se burlaba bien del diputado que lo difamaba. Así el ex edil se mofaba, cruelmente y en voz baja, con un compañero de bancada que era tan corrupto como él

Diputado Juárez- ¡Muy bien Cacho, te pasaste! El tonto de Real se va a tener que retractar de todo lo que dijo.

Rufatti- Déjalo al pobrecito que ya me las va a pagar, pero lo que más bronca me da es que él también se prende.

Diputado Juárez- Es un hipócrita ese, ya su momento le va a llegar.

Rufatti- Che, ¿cuántos días faltan para el sobre?

Diputado Juárez- Creo que como doce, y a mí el dinero ya me está faltando; con la compra del nuevo campo quedé prácticamente a cero.

Rufatti- Yo con el caserón de mi pueblo ya no me queda nada, y si no fuera por esta plata de los fondos reservados voy a parar a los caños porque a fin de mes no llego.

Diputado Juárez- ¿Qué hora es?

Rufatti- Las cinco menos cuarto.

Diputado Perez- ¡Ya es tarde hace rato!

Diputado Juárez- Che, yo me caigo de sueño y cuando al rato me despierto veo que todavía estás hablando. Decime; ¿cuál es tu truco?



Rufatti- Pará que me voy al baño... ja, ja, ja. (Hace un gesto de llevar­se algo a la nariz.) Pero no seas tan iluso que con lo que me dio el ruso me sobra para estar bien. Tenés que tomarla una vez y te da fuerza para rato. ¡Ajjj, se me seca la garganta!

Diputado Juárez- Ja, ja, ja. Tomá un poco de agua.¡Uy, atendé! Dale que están votando.

Rufatti- ¡Ganamos!¡Qué grande! Ya es ley.


XII
En un café...

Rufatti- Bueno Soria, acá te traje lo prometido: un sobre bien contadito tal como habíamos acordado. Si querés, podés contarlo así te quedas tranquilo.

Soria- Déjalo así que en vos confío. Tendrías que estar conmigo manejando los asuntos del gremio.

Rufatti- A mí no me va eso porque son todos brutos y pesados. Te dejo a vos ese trabajo que yo aquí estoy contento. ¿Querés otro café? Bueno... mozo, dos más. Che Soria, ¿con esto me aseguras que no van a hacer paro?

Soria- Si querés me corto la mano para que puedas confiar.

Rufatti- Está bien, te creo, pero dejame decirte que hay uno que insiste con eso de los aumentos.

Soria- Vos por eso no te preocupés que a ese lo visitan los muchachos.

Rufatti- ¿Estás seguro? Mirá que en todos lados dicen que ellos van a ir al paro.

Soria- Vos a mí dejame este caso que con esto ya cumpliste.

Rufatti- Bueno, Soria, por favor no te olvides que sino el jefe se enoja.

Soria- Vos decile que yo dije que, donde habla Soria, nadie más abre la boca. ¿Entendiste?

Rufatti- Sí, corro ya a contarle que arreglamos el asunto.

Soria- Chau, entonces ándate antes de que nos vean juntos.

Relator- Con el paro arreglado y sin nada que los amenace pronto se hicieron las paces para que todo siga funcionando. Entonces Rufatti se dedicaba, ya que la oposición no aparecía, a practicar su habladuría en todo acto que se presentaba. Así escuelas, barrios y hospitales fueron conociendo su rostro que de a poco, y a su modo, hablaba mucho y eliminaba rivales.

En la inauguración de una escuela.

Rufatti- Padres, alumnos y maestros; hoy aquí encendemos la llama de una nueva escuela para que en ustedes florezca la semilla de este esfuerzo. Ya lo decía Sarmiento, creador de nuestra bandera, que el alma bien se eleva con las alas del pensamiento. Niños del presente y hombres del futuro, no hay camino más seguro que aprender y ser honesto.

Aplausos ponen fin al discurso de Rufatti.

Maestra- Muy bien diputado, sus palabras han sido un gran aliento. Discúlpeme, pero le comento, y espero que no se ofenda, que el creador de nuestra enseña no fue Domingo Faustino Sarmiento sino el prócer Manuel Belgrano.

Rufatti- Señora, cada quien en su cargo. Vamos a hacer una cosa; usted en las elecciones me vota y antes de que vuelva en la próxima yo me aprendo algo de historia para saber quién creó la bandera.

Relator- Rufatti fue a un hospital para demostrarle a todos que la salud era, de algún modo, un asunto fundamental...

Director del Hospital- Gracias por venir Diputado, su presencia nos faltaba sobre todo en este área en que todo es necesario.

Rufatti- ¿Y qué andan precisando? Seguro que yo se lo puedo conseguir.

Director del Hospital- Un nuevo equipo de rayos para aquí porque el que tenemos está viejo, veinte camas para los enfermos y que los remedios nos lleguen rápido.

Rufatti- ¿Una fotocopiadora les puede servir? Mire que todo eso está muy caro.

Relator- También inauguró unos barrios...

Rufatti- Aquí les vengo a entregar las llaves que tanto esperaron por todos estos años hasta que hoy se pudo concretar.

Propietaria I- Dígame señor, ¿cuándo tendremos la escritura?

Propietaria II- Cuando llueve se me inunda y los materiales son muy malos.

Propietario I- A mí casi todas las paredes se me están resquebrajando, y para colmo de males la pintura se nos está cayendo.

Propietaria I- Díganos usted qué hacemos porque hace seis años que venimos pagando como para un palacio, y mire lo que tenemos; unas cuchas con terreno, y además todo hipotecado.

Rufatti- Déjenme consultarlo, pero para eso me tienen que esperar tan sólo un momento nomás para que todo quede arreglado.

Relator- Y Rufatti huyó sin dejar rastro escapando de los vecinos. Y poco después por haber cumplido un gran servicio al Estado, fue entonces nombrado de Acción Social, ministro.

Presidente de la Nación- ¿Juras por Dios y por la Patria que desempeñarás tu cargo con honor y sin desmayo y con indeclinable lealtad?

Rufatti- ¡Sí, juro! ¡Así será




XIII

Relator- Con el Ministerio de Acción Social en poder de sus manos perversas cualquier oportunidad era buena para hacer dinero sin trabajar. Fácil se le hizo aprovechar todos los fondos disponibles y con las ayudas de comestibles para después poderlos desviar. Desde su despacho, hablando por celular con su hijo Pedro.

Rufatti- Hola, ¿Pedro? Soy yo, papá. Era para avisarte una cosa; mañana sale un camión con ropa con víveres, remedios y regalos como ayuda para los inundados; para esos pobres que viven en el litoral. Encárgate del chofer amigo que tenés y decile que antes de las seis lleve todo al supermercado.

Relator- ¡Casi me olvidaba! Con todo lo que robaba se fue haciendo empresario. Picardías a las que nos había acostumbrado...

Rufatti- Sí, al supermercado; acordate de eso, que con esto nos hacemos de un stock bien variado. Hay arroz, polenta, fideos camisas, frazadas, ropa nueva, leche en polvo, latas de conserva, y hasta gaseosas que nos donaron. ¡Ah... y todo lo que sobra, lo tiramos, que yo bultos inútiles no quiero! Dale Pedro, que ya sos grande, y, si ya no sos un estudiante, tenés que pensar en un futuro. Esto que está es bien seguro, y, cuando yo no esté, vos te quedás a cargo. ¡Movete! ¡Hacé algo! Basta de autos y minas que me sacan de las casillas cuando me entero de tus gastos. Bueno, ya te dije qué tenés qué hacer y ahora te dejo porque estoy muy ocupado.

Rufatti le habla a su secretaria desde su cómodo sillón.

Rufatti- Susana... decile al señor que pase. Hola Robledo, sentate, te estaba esperando. Ya te imaginás para lo que te llamo... ¿Viste lo que apareció en el diario?

Robledo- Sí, algo de eso me contaron.

Rufatti- Bueno, este periodista anduvo metiendo sus narices y, sin que nadie lo invite, escribió sobre mí y mi familia. Cuenta acá lo poco que era y de lo mucho que ahora tengo nombrando autos y departamentos que tiene mi pobre hija Mariela. ¡Qué tipo molesto! Qué querés que te diga, a mí, en asuntos de familia, que se fijen en esto me jode.



Robledo- A ver si entiendo...Usted quiere que a este hombre yo le haga una visita.

Rufatti- No me gusta que insistan, y sé que en esto sos bueno y que te vas a encargar: pero antes te tenés que asegurar de que nunca más me estorbe.

Robledo- Délo por hecho. Ya he tratado otros casos. Hoy me junto con los muchachos y estudiamos cómo hacemos.

Rufatti- ¡Grande Robledo, sos un capo! Pero tené mucho cuidado que no quiero cabos sueltos. Primero, andá y apretalo y que no se te vaya la mano y que no quede ningún muerto.

Robledo- Délo por hecho. nosotros obedecemos, que para eso cobramos. Ahora de lo que hablamos es de los pesos, y éste es el precio que vale este trabajo. (Robledo le da un papel escrito.)

Rufatti- ¿Sale tanto apretar a un periodista?



Robledo- Si quiere le mando a unas modistas que deben estar pasando hambre. Nosotros somos profesionales y en esto somos artistas. También le podría dar una lista de los trabajos realizados. Hay políticos, empresarios, árbitros, jugadores y un policía.

Rufatti- Está bien, con tu palabra me basta. Decime cómo querés que te pague que después te preparo la plata.

Robledo- La mitad en la semana y la otra cuando todo acabe. Así de simple siempre se hace cuando de algo de esto se trata.

Rufatti- Trato hecho. Por la primera parte pasá mañana.


XIV

Relator- Muy hábil para estos casos él fue sumando fieles, y con apariciones y carteles fue creciendo su estrella de candidato. Era común verlo sonriente y a los niños dándoles regalos, y a los padres conformarlos con un colchón o un plato caliente. El poder lo fue obsesionando, ahora más que el dinero, porque después de tanto tiempo no necesitaba más que lo robado. Pero él no se enteraba, o bien no se daba cuenta, de que algunos de sus colegas con otros ojos lo miraban.

Rufatti estaba en un restaurante con su familia.

Rufatti- Bueno, queridos míos, ahora que estamos reunidos todos juntos y en familia voy a darles una noticia que va a llenarlos de felicidad. Después de mucho meditar he tomado la decisión de postularme para gobernador ya que todos me van a votar.

Gloria N. de Rufatti- ¡Cacho, qué alegría que nos das!

Mariela Rufatti- ¡Papá!, ¡papá! ¡Qué orgullosa que estoy!

Fernando Rufatti- ¡Bien papi!, ya te veo gobernando.

Rufatti- Gracias Fernando, yo también me veo. Y vos, Pedro, ¿no decís nada?

Pedro Rufatti- Yo siempre me alegro tanto como mi hermana. (Lo dice sin convencimiento.)

Rufatti- Está bien... vení afuera que tenemos que hablar.

Relator- Entonces Pedro y su padre salieron del restaurante para poder “conversar’' lo que cuento aquí adelante.

Rufatti- Mirá Pedro, hasta hoy me callé todo, pero es hora de que hablemos de esto.

Pedro Rufatti- ¿Y qué es “esto” para vos?

Rufatti- ¿Qué es, me preguntás? Todo lo que hacés, y lo hacés muy mal; como las noches que te emborraehás y vivís entre mujeres y autos, además, al supermercado muy al descuido lo llevás.

Pedro Rufatti- ¿Me estás criticando?

Rufatti- Te estoy enseñando... porque quiero que andés por la buena senda.

Pedro Rufatti- Papá, ¡no me hagas reír! ¡Qué me querés decir con que haga otra vida, si yo sólo cumplía con el ejemplo que vos me dabas!

Rufatti- ¡No me levantés la voz que todavía soy el que manda!

Pedro Rufatti- ¿Por qué ahora salís con esto de que vaya por buen camino, si, hasta ayer, vos mismo no me decías nada? ¿No será por el discurso que diste hace rato en la cena? ¿Cómo querés que yo crea en todo eso que vos dijiste? ¿O querés que me olvide de lo que sé y me contaron?

Rufatti- ¿Qué mentira te dijeron?

Pedro Rufatti- ¡¿Decís mentira?! ¡Me das asco! Entonces, ¿por qué no volvés al pueblo que ahí te estarán esperando? ¿O cómo llenaste el supermercado? ¡Con lo que los tontos donaron de su sueldo! Por favor, no me quieras sermonear con las tonterías que estás diciendo. ¿No te da náuseas por lo menos robarles a los pobres que te van a votar? A esos que vos les mentís con descaro y sin piedad jugando con su ingenuidad y con sus ganas de vivir.

Rufatti- ¡Basta ya! Basta que lo hago por mi familia, y por el futuro de mis hijos.

Pedro Rufatti- No te justifiqués con lo mismo que ser tuyos nos humilla.

Rufatti- ¡Qué decís sinvergüenza! (Rufatti lo toma de la solapa.) ¡Cómo te atrevés a hablarle así a tu padre!

Rufatti y su hijo se toman para pelear. En eso aparecen su mujer y su hijo Fernando.

Gloria N. de Rufatti- ¡Paren! ¡Qué hacen! ¿Por qué están peleando? Ayúdame Fernando a separar a estos dos.

Rufatti y su hijo se separan pero se miran con odio.

Gloria N. de Rufatti- ¿Se puede saber qué está pasando para que padre e hijo peléen?

Rufatti- Sabés que este está bastante agrandado, y ahora critica al padre que todo en la vida le ha dado.

Pedro Rufatti- No vale la pena que hable de todo lo que te he acusado.

Gloria N. de Rufatti- Déjense de discutir que hoy estamos en familia, y adentro está mi hija que algo importante nos tiene que decir.

Pedro Rufatti- Que a ustedes se los diga porque yo, de acá desaparezco. Te creés que soy un pendejo para que me tratés así todavía.

Rufatti- ¡Pedro!, ¡Pedro! ¡Vení para acá mocoso insolente!

Gloria N. de Rufatti- ¡Hijo! ¡Regresá con mamá! ¡Volvé, por favor te lo pido!

Rufatti- Déjalo que se vaya mujer, que éste ya va a volver cuando no tenga para los vicios.

Gloria N. de Rufatti- Está bien, pero luego me contás lo que aquí se han dicho.

Rufatti- Después, después que ahora quiero escuchar lo que dice Mariela.

Relator-Entonces volvieron los tres, Rufatti, su señora y Fernando, para estar juntos y sentados y escuchar a la hija de una vez. ¿Qué sería lo que tendría que decir y que parezca tan importante como para que todos olvidasen que el hijo ya no estaba ahí?

Mariela Rufatti- Papá, mamá, Fernando, y también para Pedro que no está, Ahora les voy a contar algo hermoso que me está pasando. Estoy enamorada...

Gloria N. de Rufatti- Hija, ¡qué alegría! Ya era hora que pasara.

Rufatti- Dejá que termine querida. Y vos, decinos Mariela, ¿quién es el afortunado?

Mariela Rufatti- Un buen muchacho; nos conocimos hace unos meses y no quería que lo presente porque tiene miedo al rechazo.

Gloria N. de Rufatti- ¿Y cómo se llama el chico?

Mariela Rufatti- Juan Ignacio, pero le dicen Nacho en la casa y los amigos.

Rufatti- ¿Eso es todo lo que tenés, o te estás guardando algo.

Rufatti- Mírame cuando te estoy hablando.

Gloria N. de Rufatti- No tratés así a la nena que la estás asustando. Decile a mamá, Mariela, que te está escuchando. Dale, contame que no pasa nada.

Mariela Rufatti- Estoy embarazada...

Rufatti- ¡¿Qué?! ¡Te mato!

Gloria N. de Rufatti- Pará Cacho, ¡no le pongás la mano encima!

Rufatti- Vení para acá desvergonzada; ¿así honrás a tu familia, dejándote preñar por el primero que pasa?

Mariela Rufatti- Papá, papá, no me tratés como a una cualquiera.

Gloria N. de Rufatti- Sentate Cacho, dejá tranquila a la nena y cálmate que vas a hacer una macana.

Rufatti- Como para no hacerme mal, mirá los hijos que me salieron; uno vago e insolente y la otra que está en celo y, al primer guiño, queda embarazada.

Gloria N. de Rufatti- ¡Cacho, no digás eso que vas a ser abuelo!

Mariela Rufatti- ¿Por qué no hiciste así con Pedro que entre salida y salida, y acostándose con tantas chicas, ya debés tener más de un nieto?

Rufatti- Otra insolente más.

Mariela Rufatti- Será porque soy mujer y que lo que llevo aquí dentro mío nunca llevará tu apellido  y vos sabés que así va a ser.

Rufatti- Si no querés que te golpee, retirate de acá ya mismo.

Gloria N. de Rufatti- Cacho, retirá lo dicho.

Mariela Rufatti- Dejálo mamá; lo que dice no me duele, esto ya lo había previsto. Me voy a mi nuevo nido porque Nacho sí me quiere.

Rufatti- ¡Mariela, vení para acá!

Gloria N. de Rufatti- ¡Hija, hija! ¡Volvé con mamá! Vení, que nosotros te queremos.

Rufatti- Dejala que se vaya con Pedro. Para qué la necesitamos, si aquí está Femando que, de los tres, es el más bueno.

Femando Rufatti- Gracias papá.

Rufatti- ¡Qué noche por favor! Hoy que me postulaba para gobernador me arruinaron la bendita fiesta estos hermosos hijos que tengo.

Gloria N. de Rufatti-No digas eso. Ellos te quieren tanto como yo.

Rufatti- Y vos que siempre estás callado, (Mirando a Fernando.)
¿no vas a decir algo aunque sea una vez?

Fernando Rufatti- Ya no sé qué hacer porque tengo dudas con mi vida.

Gloria N. de Rufatti- ¿Qué nos querés decir?

Fernando Rufatti- No sé si ser bailarín o dedicarme a modista.

Rufatti se toma el pecho y su rostro enrojece. Su esposa lo abraza y trata de consolarlo.





                     XV

Relator- Cuando todo estaba listo para el gran salto adelante, surgieron problemas grandes entre graves e imprevistos,..

En el despacho de Rufatti.

Secretaria- Señor Ministro,lo busca un policía.

Rufatti- ¿No te dijo qué quería?

Secretaria- No, pero lo busca a usted ya mismo.

Rufatti- Hacelo pasar. El policía entra en el despacho de Rufatti.

Rufatti- Adelante oficial; ¿en qué le puedo servir?

Policía- Disculpe que lo venga a interrumpir y lo vea en su oficina, son un par de preguntas de rutina y después lo dejo seguir.

Rufatti- Me sorprende usted porque jamás hablé con un policía. Pero es su deber y sé que lo debe cumplir.

Policía- No sé si usted sabrá que ayer mismo se cometió un homicidio  de un periodista muy audaz.

Rufatti- Desconozco de quién me habla; recién me vengo a enterar.

Policía- Está en todos los diarios pero no en primera plana; lo mataron por la espalda y parece que fue por encargo. Su nombre era Augusto Luzardo y siempre investigaba sobre corrupción y cosas extrañas y, seguramente, por eso lo liquidaron.

Rufatti- No estaba ni enterado; a los diarios no los he abierto. Anoche dormí en mi despacho y hace poco que estoy despierto.

Policía- Sobre usted ha escrito un artículo en el cual lo acusaba de que, con todo lo que robaba, financiaba su carrera de político.

Rufatti- Ahora que lo dice lo recuerdo; dijo tantas mentiras manchando a mi familia y tratándonos de deshonestos.

Policía- ¿Usted no hizo nada al respecto?

Rufatti- Estuve a punto de llamar a mi abogado pero, después de pensarlo, decidí no hacer juicio, salvar mi imagen de político, archivar todo y olvidar esto.

Policía- ¿Por la libertad de expresión?

Rufatti- Usted lo sabe mejor que yo.

Policía- Está bien, entiendo. Ahora cuénteme si ustedes no se estuvieron viendo.

Rufatti- ¿Nosotros? ¡Para nada! Si yo no lo conocía.

Policía- Dígame si no ha escuchado que alguno de sus conocidos se sintiera muy ofendido por algo que haya publicado.

Rufatti- Jamás escuché un comentario.

Policía- Bueno, señor Ministro, eso es todo. Ahora puede volver a su trabajo.

El policía se va. Rufatti queda solo en su despacho.

Rufatti- ¡Robledo! Mirá qué bien hizo lo encargado.

Secretaria- Señor Ministro,su señora lo espera.

Rufatti- Que abra la puerta que la estoy esperando.

Entra la esposa.

Gloria N. de Rufatti- Hola amor, ¿cómo estás?

Rufatti- Bien, pasá nomás.

Gloria N. de Rufatti- Te noto extraño, estás pálido, también transpirando y tenés cara de miedo. ¿Te pasa algo?

Rufatti- No, para nada. Qué me va a estar pasando si con los hijos que tenemos pasamos de un disgusto para tener un escándalo.

Gloria N. de Rufatti- Con los chicos no sos justo y ya con ellos estuve hablando; Mariela se nos está casando la última quincena de julio. Ahora la estoy ayudando con la fiesta, el vestido, los regalosy todos los demás asuntos.

Rufatti- Menos mal que el pibe es de dinero, sino ahora mismo estaba abortando.

Gloria N. de Rufatti- ¡Cacho, no hablés así de tu nieto!

Rufatti- ¿Y de Pedro?

Gloria N. de Rufatti- El pobrecito está arrepentido de todo lo que te dijo aquella noche en el restaurante, pero después me contó algo más que lo tiene preocupado. Dice que hay unos extraños que desde rato lo vienen siguiendo.

Rufatti- ¿Y qué van a querer de Pedro?

Gloria N. de Rufatti- Yo no sé Cacho, pero tengo miedo.

Rufatti- Dejá, no seas tonta que él se sabe cuidar. ¡Algo te tenía que contar! Andá guardando ropa.

Gloria N. de Rufatti- ¿Para qué querés que lo haga?

Rufatti- En poco más de una semana estaremos en Europa.

Gloria N. de Rufatti- ¿Pero cómo, y el casamiento de Mariela?

Rufatti- No te hagás problema que es un viaje corto, saludamos gente, paseamos un poco y en tres semanas estamos de vuelta.

Gloria N. de Rufatti- Quedará poco tiempo para la fiesta, y además hay que hacer de todo.

Rufatti- ¿Para qué tenés consuegra? Que ella elija los regalos, que se ocupe de los invitados y que ayude a su nuera.

Gloria N. de Rufatti- Está bien, vamos, que Roma nos espera.

Rufatti- Decile a Fernando; a ver si este viaje le hace cambiar de ideas.

Gloria N. de Rufatti- ¿Y a Pedro no lo llevamos?

Rufatti- A ese así lo dejamos por hacerse el astuto; además, que trabaje duro. ¿para qué tiene el supermercado?

Gloria N. de Rufatti- Pero viejo...

Rufatti- ¡Pero nada! Dije que se queda y no hablamos más de eso.

Gloria N. de Rufatti- Vos ganás porque sos el padre y no te voy a contradecir; yo sólo los quería reunir para que, por lo menos, se hablen.

Rufatti- Mirá Gloria, vos serás la madre, pero no te metás en este asunto porque, para que se haga adulto, tiene que madurar y sudar sangre. Ahora te pido que me dejes con tus cosas de mujeres porque tengo una reunión importante.

Rufatti se va en auto hasta un restaurante.

Rufatti- Hola, qué tal amigo,¿hace mucho que estás esperando?

Empresario- Desde hace un rato, ni poco para estar solo, ni mucho para estar aburrido.

Rufatti- ¿Pedimos algo y de paso hablamos de lo mío?

Empresario- Estaba degustando este vino. Tomá una copa, probalo, tenelo en la boca y después escucho tu comentario.

Rufatti- Vos sabés que de esto nunca fui un entendido, un paladar fino, y en esto soy muy honesto.

Empesario- ¿Qué te parece si vamos pidiendo?

Rufatti- Dale, me parece bien.

Empresario- Por favor mozo, a ver...Tráigame de entrada este tipo de ensalada sin ningún condimento. Mmm... y de plato principal...

Mozo- De plato principal le recomiendo lomo a la provenzal con guarnición de papas. Es la especialidad de la casa.

Empresario- Bien, para tomar un blanco seco y un agua sin gas.

Rufatti- ¿Se permite fumar?

Mozo- El sector fumadores es por allá. ¿Qué le voy trayendo?

Rufatti- Lo mismo que al caballero.

Se retira el mozo.

Empresario- Bueno, entonces sigamos nomás. ¿Por qué mejor no me contás qué es lo que estás haciendo?

Rufatti- Mirá... me he puesto a pensar y lo tengo decidido, que mi futuro político es llegar a gobernar. ¿Cuánto más voy a tener que esperar hasta que alguno de estos, que están bastante viejos, me den por fin una oportunidad? ¿Voy a esperar a que se mueran o que me llamen a la puerta para ser el nuevo gobernador? ¡No! ¡Por supuesto que no! Nadie hace nada por vos así que no me voy a cruzar de brazos. ¡Tengo un prestigio ganado! Yo me presento para la próxima elección.

Empresario- ¿Y yo qué tengo que ver en todo esto?

Rufatti- Vos sabés que toda campaña necesita dinero y vos sos uno de esos que lo tiene e inspira confianza.

Empresario- Tu elección suena a alabanza. Siempre simpaticé con el partido pero, ahora mismo te digo, que de mi fortuna no queda nada.

Rufatti- Ojo, que no es mucho lo que pido. Además tengo otros aportantes y, juntando entre todas las partes, arraso en todos los distritos.

Empresario- ¿Tan seguro estás de lo que me estás diciendo?

Rufatti- Si están todos muertos y nadie hace nada. El Gobernador saca panza y la inseguridad va en aumento; además, si querés un chisme,... mientras él hace despacho su mujer se va en el auto con un diputado que quedó libre.

Empresario- ¿En serio? ¡No te lo puedo creer!

Rufatti- Todos lo saben menos él, que es un idiota y un cornudo. Lo comenta todo el mundo, pero él sigue en su frasco.

Empresario- ¿Y cuánto andás necesitando?

Rufatti- Con un millón me arreglo y, con dos, hago estragos.

Empresario- ¡¿Un millón necesitás?! ¿Y yo eso de dónde lo saco? ¿Querés que vaya a robarlo o que remate a mi mamá?

Rufatti- No es para tanto, pará...

Empresario- ¿Y si le sacamos un cero?

Rufatti- Con eso ni empiezo, dame medio y terminamos.

Empresario- Trescientos. Ni uno más ni uno menos.

Rufatti- Trato hecho, ahora subite al carro.

Empresario- Primero cerremos el trato porque ahora yo soy el que pide.

Rufatti- Decime con qué querés que te invite que se lo cargo al Ministerio.

Empresario- A mí, como empresario, me matan con los impuestos y se pasan de molestos cuando apenas cubro los gastos. Si querés te aporto tanto y vos hacés tu campaña, pero cuando subas esa mañana me das respiro por unos años.

Rufatti- Mientras yo gobierne nadie te estará molestando.

Empresario- Mañana te paso un cheque, pero ahora seguime contando que los chismes me gustaron y relatando sos muy bueno.

Rufatti- Por dónde querés que empiece; vos decime y yo te cuento.

Empresario- Empezá por el Presidente, porque yo al imbécil ese ni un minuto me lo aguanto.

Rufatti- ¡Uy! ¡No sabés lo que tengo para contarte! Vida, obra y arte de cada uno de los políticos.

Empresario- Empezá ya mismo y no seas para nada discreto.

Rufatti- Una noche, en el country de Alberto...



XVI

En el avión, rumbo a Europa.

Rufatti- Y, qué te parece Gloria; nosotros viajando a Europa con todos los gastos pagos.

Gloria N. de Rufatti- Ay querido, para mí es un sueño estar aquí volando cuando hace tan poco estábamos viviendo en un lugar pequeño.

Rufatti- No me traigas esos recuerdos que todavía no puedo olvidarlos.

Gloria N. de Rufatti- ¡Dejá que eso es pasado! Cuánta gente nos está acompañando en el avión presidencial...

Rufatti- Esto aquí es muy normal (Habla en voz baja.) y siempre ha ocurrido. Desde los tiempos perdidos que muchos de arriba están viajando. El que está ahí, es Orlando, peluquero del Presidente,  y ese de cara sonriente creo que se llama Bernardo. No hace un carajo pero, seguro, que de alguien es pariente.

Gloria N. de Rufatti- Qué lástima que no vino Femando.

Rufatti- Dejalo, que él así lo quiso. Pero, si eso es lo que hizo, por lo menos que ayude con el supermercado.

Gloria N. de Rufatti- Me quedé preocupada por Pedro.

Rufatti- Él se sabe cuidar solo así que es mejor que lo dejemos.

Gloria N. de Rufatti- Pero lo estaban siguiendo, ¿o no me estuviste escuchando?

Rufatti- Ya te dije que te lo estás imaginando. Son esos programas de TV que estás viendo de policías, ladrones y secuestros. El mes que viene, al cable, te lo saco.

Gloria N. de Rufatti- Yo, como madre, tengo tanto miedo...

Rufatti- ¿Por qué mejor no disfrutás el viaje y te olvidás de esas pavadas? ¿Por qué no hacés como Marta, mirala cómo ríe y revolea el traje?

Gloria N. de Rufatti- A esa estúpida no la soporto por ser la mujer de ese gordo que, de los corruptos, es el campeón.

Rufatti- Sé que tenés razón, pero la culpa de esto no la tiene uno solo. Acá la tenemos todos: desde el más gato al más ratón. Es muy fácil hacer la del argentino, que con hacer responsables a los políticos se excusan de este desastre. Yo te puedo asegurar que los que nos critican lo hacen de pura envidia, por no tener la oportunidad. ¿Por qué de a uno no preguntás si alguien rechazaría mi sueldo por no hacer absolutamente un bledo? A ver si alguno lo va a rechazar... ¡No ves que son todos unos chantas! La mayoría no tiene agallas y sólo reprimen sus ganas de robar.

Gloria N. de Rufatti- Si vos lo decís...yo te creo porque sos mi marido.

Rufatti- Pero ahora mismo te digo que estoy harto de todo esto y te juro que, si esta vez llego, voy a cambiar todo por nuestros hijos.

Gloria N. de Rufatti- Pero Cacho... si todos dicen lo mismo: prometen y prometen y una vez que todo lo tienen se olvidan de lo prometido.

Rufatti- Vos a mí dejame llegar que para eso estoy trabajando. Yo ya tengo todo planeado y estoy listo para gobernar.

Gloria N. de Rufatti- ¿Vos creés que así nomás te van a dejar?
¿No pensaste en los otros candidatos que te van a poner muchos palos y que todo difícil lo vas a encontrar?

Rufatti- No me alientes más Gloria que la decisión está tomada. Cuando volvamos a casa, vos te encargás de la boda.

Gloria N. de Rufatti- ¿Qué es eso que se ve allá? (Mira por la ventanilla.)

Rufatti- ¿Qué es lo que estás viendo?

Gloria N. de Rufatti- ¿Es que no ves o estás ciego? Aquello ya es una ciudad y el mar quedó bien lejos.

Rufatti- ¿Será París o Nueva York? ¿Adónde íbamos primero?

Gloria N. de RufattiO- ¡Mirá, ahí está el Coliseo!

Rufatti- ¿Ya llegamos a Londres? ¿Francia es nuestra primera escala?

Gloria N. de Rufatti- No seas animal, ¡cómo vas a decir esa macana!

Rufatti- A ajustarnos los cinturones que ya estamos descendiendo.

Relator- Europa, Europa, Europa... ¿Cuál era el motivo de la gira? ¿Tal vez comercial, quizás política? ¿Es que eso a alguien le importa? Por las calles de Roma...

Gloria N. De Rufatti- ¡Cacho, cómo estamos gastando! ¡Dos días en Roma es como una semana en Buenos Aires! ¿Por qué mejor no guardamos algo para lo que queda del viaje?

Rufatti- Vos gastá que yo me encargo. ¡No sabés las reservas que me traje!

Gloria N. de Rufatti- ¿Y dónde las dejaste?

Rufatti- Dejá, que al Ministerio se las cargo...

Gloria N. de Rufatti- ¡Ay Cacho, sos incurable!

Relator- En la fuente de los deseos, una moneda que es mal arrojada, al poco tiempo demostraba que su destino no sería bueno.

Rufatti arroja una moneda a la fuente con la mano izquierda.

Gloria N. de Rufatti- ¡Cacho! No tirés con la izquierda que trae mala suerte.

Rufatti- Dejate de idioteces que es tan sólo una moneda.



Relator- Siempre hay que revalidar el prestigio, sea París, Madrid o Londres, porque no importa dónde, pero mal nos hicimos conocidos.

Gloria N. de Rufatti- ¿Viste lo que hizo el hijo de tu compañero Astorga? Le compró un regalo a la novia con una tarjeta extraviada.

Rufatti- ¿Eso hizo? Que se embrome por idiota. Esto es Europa y de éstas no te perdonan una. Además, la novia es una tarada, maleducada, ignorante e inmadura. Ya lo veo al gordo del padre yendo con un abogado a la cárcel para que al nene lo vayan a soltar. Esto no es como allá que te salvás con un papá importante.

Gloria N. de Rufatti- ¡Qué atorrante, mirá cómo nos hace quedar!

Rufatti- Cuidado que viene el padre y parece que quiere hablarme.

Héctor Astorga- Hola Cacho, qué bueno que te encuentro. Desde hace rato te estoy buscando porque tu hijo te está llamando por un asunto que parece urgente.

Rufatti- ¿Y no sabés qué quiere?

Gloria N. de Rufatti- ¿Es Pedro o es Femando?

Héctor Astorga- Yo no sé nada, pero te está llamando a la Embajada, insistiendo desde hace rato.

Rufatti- Bueno, entonces nosotros vamos. Desde ahí lo llamamos y él nos dice qué le pasa.

Gloria N. de Rufatti- ¡Ay mis hijos!¡Qué les habrá pasado!

Rufatti- Callate Gloria y no hagas escándalo que seguro debe ser una pavada.

Relator- Rufatti y señora fueron a la Embajada y, como si una premonición fuera, el teléfono los estaba esperando.

Rufatti- ¡Hola Fernando! ¿Qué pasa hijo, por qué llamás tanto? ¿¡Qué le pasó a Pedro!? ¡¿Le pegaron un tiro en el suelo porque asaltaron el supermercado?! ¿¡Cómo fue!? ¿¡Contame cuándo!?

Gloria N. de Rufatti- ¡Ay mi hijo, mi hijo!¡Yo sabía que pasaba algo!

Rufatti- Callate mujer, dejame que estoy hablando. Hola Femando, contame cómo está Pedro. ¿Que está en una cama del hospital con respirador artificial y con suero? Mirá nene, mantenete calmo que nos tomamos el primer vuelo.





XVII

Relator- Pronto regresaron a Buenos Aires preocupados por el estado de su hijo y, lo que Fernando no les había dicho, era que su hermano estaba muy grave.

Rufatti y señora llegan al hospital y piden informes en mesa de entradas.

Rufatti- Buenos días, soy el Diputado Rufatti y estoy buscando la habitación donde mi hijo Pedro está internado.

Enfermera- Espere un momento que tiene que hablar con el doctor.

Fernando Rufatti- ¡Mamá, mamá!

Gloria N. de Rufatti- Cacho, ahí está Fernando.

Rufatti- Vení hijo, vení. Contame bien qué pasó.

Viene el Doctor Federico Villar para hablar con Rufatti.

Doctor Federico Villar- Mucho gusto señor, soy el doctor Villar y estoy a cargo de su hijo.

Rufatti- Hola, mucho gusto, como está...

Doctor Villar- Miren...Con ustedes quería hablar.

Gloria N. de Rufatti- Doctor, ¿cómo está mi hijo? ¿Se va a recuperar?

Doctor Villar- Me gustaría mentirles pero no puedo hacerlo. Lamento tener que decirles que, después de una operación compleja, el resultado no ha sido nada bueno.

Gloria N. de Rufatti- ¡Doctor, no me diga que está muerto!

Doctor Villar- No sé qué es peor; pero aquí la dramática cuestión es que la bala ha afectado su cerebro. Ya no podrá caminar, ni hablar, ni llevar ninguna vida normal así como nosotros la conocemos. Pedro siempre vivirá con un respirador y unido a una sonda con suero.

Rufatti- ¿Mi hijo, un vegetal?

Gloria N. de Rufatti- ¡Pedro, Pedro! ¡No, no, no! (Llora desconsoladamente.)

Fernando Rufatti- Mamá, papá... (También llora y se abraza a su madre) El médico trata de consolarlos.

Rufatti- Pero doctor, ¿está usted seguro de que no se puede hacer nada?

Doctor Villar- Nada señor, nada podrá recuperarlo: ni tratamiento ni milagro ni los avances de la medicina. Pedro estará así por días, tal vez por meses o años y sólo Dios sabe hasta cuándo.

Rufatti- ¡Dios! ¿Dios? De qué Dios me está hablando cuando permite que pase esto.

Gloria N. de Rufatti- Cacho, no hagas a Dios culpable que él sabe cuándo nos llama.

Rufatti- Gloria, ¿sabés cual es el drama? yo tendría que estar en el lugar de Pedro...

Rufatti rompe en llanto. Todos lloran.

Rufatti- Si yo te hubiera hecho caso y lo hubiésemos llevado a Europa, ahora estaría con nosotros y todo esto sería otra historia.

Gloria N. de Rufatti- No te culpes de lo pasado que así Dios lo quiso porque ese fue su destino y eso no podemos evitarlo.

La voz de una enfermera se escucha por el altavoz.

Enfermera- Señor Rufatti, presentarse en mesa de informes.

Rufatti- Femando, vos llévala a mamá hasta la habitación de Pedro que yo después voy para allá. Seguro que éstos quieren dinero.

Rufatti llega a la mesa de informes.

Enfermera- Señor Rufatti, lo espera el inspector Valente.

Inspector Valente- ¿Señor Rufatti?

Rufatti- Soy yo; ¿qué desea?

Inspector Valente- Soy el inspector Valente de la Policía Federal.

Rufatti- ¿Qué necesita?



Inspector Valente- Estoy al frente de la investigación del asalto a su supermercado y del crimen de su hijo Pedro.

Rufatti- Todavía no está muerto...

Inspector Valente- Disculpe, no sabía.

Rufatti- Usted me decía... Porque algo me quería preguntar...

Inspector Valente- ¿Es cierto que usted acaba de llegar de una gira política por Europa...?

Rufatti-... que lamentablemente resultó muy corta por culpa del robo que nos vino a tocar.

Inspector Valente- Justo de eso le quería hablar porque no es un homicidio en ocasión de robo. De la primera investigación, ante todo, surgen muchísimas otras cosas que parecen por demás sospechosas como para creer que fue eso sólo.

Rufatti- ¿Usted qué me quiere decir?

Inspector Valente- ¿Sabía usted que a su hijo le ataron las manos detrás de la espalda; que le robaron poco más que nada y que lo remataron por la nuca de un tiro?

Rufatti- Intentaron... Estar muerto es distinto...

Inspector Valente- El resultado será el mismo y eso usted lo sabe.

Rufatti- No me lo diga que, como padre, lo único que quiero es verlo vivo.

Inspector Valente- ¿Recuerda algún detalle que le haya llamado la atención? ¿Si tenía deuda o algún amor que el tiempo en odio transformase?

Rufatti- No que yo recuerde; además teníamos diferentes vidas: él con el supermercado, yo con la política. Nos veíamos poco últimamente.

Inspector Valente- Usted que conoce tanta gente, ¿no sabe si alguien lo seguía?

Rufatti- Esteee... no, no he visto nada ni tampoco me comentaron.

Inspector Valente- Ahora le voy a seguir preguntando...

Relator- Entonces Rufatti rompió en llanto porque las preguntas lo ahogaban.

Inspector Valente- Llore que le va a hacer bien. Disculpe que yo le pregunte pero es parte de mi trabajo.

Rufatti- Pregúnteme lo que quiera. Yo sólo deseo que a esos tipos, que le hicieron esto a mi hijo, paguen con su vida esta afrenta.

Inspector Valente- ¿Usted que está en la política no sospecha de algún adversario, de alguien que le quiera hacer algo por rivalidad o por simple envidia?

Rufatti- En nadie estoy pensando porque rivales son todos pero ninguno para hacerme tanto.

Inspector Valente- Por favor, usted póngase a pensar que yo sigo investigando. Si usted recuerda algún dato llámeme urgente a este celular.

Rufatti- Usted vaya nomás que cualquier cosa lo llamo.

El inspector Valente se va. Rufatti se dirige a la habitación de Pedro, ve a su mujer y se abrazan.

Rufatti- Gloria, Gloria.

Gloria N. de Rufatti- Mi amor, mi amor, ¿por qué, por qué?

Rufatti- Cálmate y dejámelo ver.

Gloria N. de Rufatti- Vamos...

Los dos entran en la sala y contemplan a su hijo Pedro en su lecho de moribundo. La madre lo acaricia y solloza.

Gloria N. de Rufatti- Pobrecito, soy tu mamita. Mirá lo que te han hecho, estás tirado en este lecho luchando aquí por tu vida.

Rufatti- Mi hijo más querido... Te juro que no voy a descansar hasta encontrar a esos malditos.

Relator- Los pobres padres desconsolados no paraban de llorar porque el alma se le escapaba ya a su hijo tan amado. Entre sondas y respiración asistida supieron entonces entender que ya nada podían hacer para poder salvar su vida.

Gloria N. de Rufatti- ¡Ay, ay! Yo te dije que lo lleváramos, que esos tipos eran raros y que lo estaban siguiendo.

Rufatti- Lo recuerdo a cada momento y eso me está atormentado.

Gloria N. de Rufatti- ¿Hablaste con el policía?

Rufatti- Sí, con él estuve hablando; me contó que están investigando para ver si este homicidio fue simple o por encargo.

Gloria N. de Rufatti- ¿Le contaste lo de estos tipos?

Rufatti- Esteee... sí, sí, claro... y que lo iba a investigar, eso fue lo que me dijo. Gloria... ¿no lo viste a Fernando?

Gloria N. de Rufatti- Debe estar afuera llorando. Está peor que vos el nene. Tan culpable se siente porque no lo pudo ayudar...

Rufatti sale de la sala y encuentra a su hijo Fernando sentado, con las manos en la cabeza, llorando amargamente.

Rufatti- ¡Femando! ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué estás acá sentado?

Fernando- Papá, dejame tranquilo que yo me siento peor que vos.

Rufatti- Levántate te digo y no llorés como una malcriada.

Fernando- No me molestés más que yo no te hice nada.

Rufatti- Decime, ¿vos dónde estabas cuando asaltaron a tu hermano?
Decime eso, ¿eh? ¿Por qué no estabas con él cuando lo estaban asesinando?

Rufatti lo toma de la camisa y lo levanta.

Fernando Rufatti- ¡Qué hacés! ¿Estás loco? ¡Soltame!

Rufatti- Ahora que no está tu madre vas a forcejear un poco así te hacés más hombre.

Aparece su esposa y trata de separarlos.

Gloria N. de Rufatti- ¡Cacho! Dejalo, pobre... Soltalo ya a Fernando que él tampoco es culpable.

Rufatti- ¡Dejame que lo mato por débil, idiota y amanerado! El hermano está que se muere y él está aquí lloriqueando.

Gloria N. de Rufatti- ¿Y él qué culpa tiene? Si pudiera lo habría ayudado.

Fernando Rufatti- ¡No estaba papá! ¡No estaba! ¿O no entendés?

Gloria N. de Rufatti- ¿Por qué no buscas a los culpables y los matás a trompadas? ¡Hacé algo! ¡Ahí tenés!

Rufatti suelta a Fernando y comienza a llorar.

Rufatti- Perdoname hijo pero no puedo soportar que Pedro se esté muriendo.

Fernando Rufatti- Te entiendo papá, yo también tengo nervios.

Gloria N. de Rufatti- Mis amores, mis cielos, no puedo tolerar verlos cómo se están peleando cuando Pedro está sufriendo. Todos se abrazan y lloran otra vez.



Rufatti- Discúlpenme otra vez pero no aguanto más esto.

Rufatti entra en la sala donde está su hijo moribundo. Le habla sollo­zando.

Rufatti- Pedro, mi hijo querido, yo sé que me podés escuchar. He tratado de ser un buen papá y sé que errores he cometido. Todo lo que yo hice, tanto lo bueno como lo malo, fue por vos y tus hermanos porque de chico yo sí fui humilde. Hijo, lo único que ahora te digo es que no puedo ver que sufras como ahora lo estás haciendo. Te juro que pronto castigaremos a los culpables de toda esta angustia. Adiós Pedro querido, a donde vayas, nos encontraremos.

Rufatti le saca el respirador. Pedro muere.






XVIII

Relator- Poco tiempo para llorar había quedado con la fiesta de la hija tan cercana. Rufatti se olvidó un poco de la campaña para acordarse de su hijo asesinado. Su esposa, Gloria, se entretenía con las compras, regalos y otras cosas, y mientras su hija arreglaba la boda, ella con lágrimas ahogaba su alegría. Ya estaba todo listo para el acontecimiento importante; porque así sería el gran enlace de los hijos del industrial y del político. Nadie en absoluto quiso faltar y muchos fueron los invitados: políticos, artistas y empresarios, lo mejor de la sociedad.

En la entrada de la iglesia...

Mujer I- Mirá, ahí baja la novia; qué hermoso que le queda el vestido.

Mujer II- Que te agradezca el cumplido, pero fijate que le queda ancho. Lo que está bien es el largo y lo extraño es su contenido.

Mujer I- ¿De qué contenido me estás hablando?

Mujer II- O sos ciega o sos idiota; ¿no te enteraste de la noticia de que Mariela Rufatti está encinta y que si no se casa la degüellan?



Mujer I- ¿Vos querés decir que está embarazada?

Mujer II- ¡Felicitaciones, estás premiada! ¿Cómo hiciste para darte cuenta?

Mujer I- ¡Tenés razón! Mirá, si hasta le hace bulto la panza.

Mujer II- Dejala, pobre Mariela; mejor vamos adentro que por contar este cuento nos podemos quedar afuera.

Mariela Rufatti camina al altar del brazo de su padre.

Rufatti- Mariela, hija mía, ¿te puedo pedir uno de mis últimos favores? (En voz baja)

Mariela Rufatti- ¿Qué querés que haga?

Rufatti- ¿Podés bajar el ramo de flores que se te nota mucho la panza?

Relator- La ceremonia religiosa fue larga y para algunos resultó tediosa, y, entre flores, aplausos y otras cosas, ya Mariela Rufatti salió casada.

Gloria N. de Rufatti- Qué emoción Cacho, esto nos viene bien en medio de tanta tristeza.

Rufatti- Ya sé que se casó Mariela pero vos sabés también que sólo pienso en quien está faltando.

Rufatti y señora se abrazan y lloran.

Fotógrafo- Por favor, sonrían...que esta foto va a la tapa.

Rufatti- Sonreí Gloria, no seas amarga que vamos a salir en la revista.

Relator- Sin esquivar a ningún medio, él respondió todas las preguntas para despejar cualquier duda sobre la boda o la muerte de Pedro.

Periodista 1- Señor Rufatti ¿cómo se siente en este momento?

Rufatti- Muy feliz, muy contento como se podrá imaginar. Mi hija se ha casado ya con un chico muy bueno.

Periodista 2- Quiere decir que está en buenas manos.

Rufatti- Eso es exacto.

Periodista 1- Perdone que le tenga que preguntar, pero ¿qué se sabe de la muerte de su hijo? ¿Fue por robo o un crimen por encargo?

Rufatti- ¡Sacá ese micrófono de acá! ¡Pero otra vez se la agarran conmigo! ¿Ustedes creen que soy tarado? Ya me parecía que esto iba a terminar mal. A mi hijo lo mataron para poderle robar. ¿Es tan difícil entender eso?

Periodista 3- La última pregunta señor Ministro... ¿Qué nos puede contar de una alianza para gobernar que está haciendo ahora mismo?

Rufatti- Tu pregunta me está aburriendo y ni loco la voy a contestar.

Periodista- Pero Señor Ministro...

Rufatti- ¡Fuera de acá periodista perro que voy a llegar tarde a la boda!

Relator-El gran evento los estaba aguardando en el mejor hotel de la capital con todo el lujo que se podía imaginar porque en gastos no se había reparado.

Invitado I- ¡Cuánto lujo! ¡Todo caro!

Invitado II- ¡Mirá esta comida! ¿Cuánto habrá costado?

Invitado I- Eso no se pregunta, total, yo no pago. Vos seguí comiendo que otra ocasión como esta no la tendremos en años.

Invitado II- Mmm... ¡qué rico! ¿Qué será esto?

Invitado I- Qué importa lo que sea. Yo voy a comer y tomar hasta que más no pueda. Y, si te ponés a pensar, a los padres les salió barato.

Invitado II- ¿Barato decís? O estás loco o hiciste mal el cálculo.

Invitado I- ¿No te fijaste en los regalos? Nada es de segunda mano y algunas cosas brillaban.

Invitado II- Ahora que lo decís también vi lujo en la vajilla y el color era bien dorado.

Invitado I- ¡Pará, no comas tanto que después hay más comida!



Relator- La fiesta estaba a pleno; los invitados comían y bailaban y, de toda la gente que ahí estaba, ni los mozos eran honestos.

Mozo I- ¿Viste quién estaba ahí?

Mozo II- Uf... hay tantos...

Mozo I- Recién atendí al diputado Taranto. Es uno que agarraron con droga.

Mozo II- Sí, me acuerdo que lo decís ahora; y pensar que todavía anda suelto cobrando un muy buen sueldo cuando tendría que estar a la sombra.

Mozo I- Más allá está el Juez Ezpeleta, el que investiga las coimas que pagó cierta empresa.

Mozo II- Y yo atendí a un actor que estuvo preso por abuso deshonesto de una vieja y dos nenas.

Mozo I- Por lo visto está lleno de eso.

Mozo II- Mirá, si te ponés a buscar entre tantos, no encontrás uno bueno.

Mozo I- ¡Qué descaro!¡Qué país tenemos!

Mozo II- ¿Y eso que tenés en el bolsillo que apenas se asoma pero brilla?

Mozo I- Esteee... esto es parte de la vajilla. (Muestra una cuchara.) Mirá como brilla, es bien fino; te podés mirar vos mismo y acomodarte el cabello. Además, ¿vos creés que se darán cuenta si les falta un vaso o algo de esto?

Relator- En todas las mesas se comentaba, entre platos y ruidos de cubiertos,lo que muchas veces era cierto y en voz baja se sospechaba.

Invitado I- La verdad es que la fiesta le salió bárbara al chanta de Rufatti.

Invitado II- Y también, con el consuegro que tiene; si ellos mismos quieren hasta pueden pagar dos.

Invitado I- Pero miralo vos a este pobre desgraciado, si todavía hoy lo recuerdo cuando huyó de su pueblo por todo lo que había robado. Apareció acá un día creo que en la oficina del idiota de Sánchez.

Invitado II- ¿Y ése lo cobijaba?

Invitado I- Y parecía un pollito con las plumas mojadas. Pero, por lo visto, tenía todo bien claro. Poco a poco se fue acomodando porque su intención era llegar.

Invitado II- ¡Y mirá adonde llegó! Está haciendo una campaña para gobernador y seguro que muchos lo van a votar.

Invitado I- Yo diría que hay que esperar antes de darlo por ganado. Muchos buitres andan rondando y para eso va a tener que luchar.

Invitado II- ¿Vos creés que lo pueden bajar?

Invitado I- En el poder todos sacan las garras y, si no te hacés fuerte, ni tenés una fortuna en suerte, al final te quedás sin nada.

Invitado II- ¿Sabés qué me vinieron a contar?

Invitado I- No, mejor contame vos.



Invitado II- Que un pescado gordo, pero bien gordo le mandó tender una cama. Es uno que también está de campaña y está muy bien apadrinado.

Invitado I- Explicate mejor.

Invitado II- Un amigo me contó que un gran empresario le hizo hacer comentarios ante una cámara oculta. Entonces no quedaron dudas de lo muy falso que era. Él no sabe la que le espera, ni el frío que hace sin plumas.

Invitado I- ¿Y qué van a hacer ahora?

Invitado II- Por lo visto, cortar la torta...

Mariela Rufatti está con su esposo dispuesta a sacarse una foto cor­tando la torta.

Mariela Rufatti- Vení papá, vení mamá. Vengan todos así nos sacamos la foto cuando corte la torta.

Rufatti- Dejame que yo lo haga, que yo quiero cortarla y darle a cada quien lo que le corresponda.

Relator- Cuando iba a hincar el cuchillo lo detuvo una mano extraña; una de esas que no se engaña y se teme tanto como al diablo mismo. Un desconocido detiene la mano de Rufatti e impide que corte la torta.

Rufatti- ¡Eh! ¿Qué hacés? Dejame cortar la torta.

Desconocido- Antes decime hola. ¿No te acordás quién soy?

Rufatti- ¡Uy, sí! No me acordaba de vos. ¿Qué estás haciendo por acá?

Mariela Rufatti- Papá, ¿quién es ese?

Gloria N. de Rufatti- ¿Qué hace usted acá?¡Váyase!

Desconocido- De la torta olvidate, (En voz baja al oído.) y andá ahora detrás de esa puerta que alguien grande te espera por una cosa muy importante.

Gloria N. de Rufatti- ¡Cacho!

Rufatti- ¡Shhh... Gloria, callate! Y vos, decime ¿quién es?

Desconocido- Lo conocés, (Sigue hablando en voz baja.) así que no te hagás el distraído.

Rufatti- ¿Y qué quiere él conmigo? Yo no hice nada...

Desconocido- Dejate de pavadas y andá ahí te digo.

Rufatti desaparece sigilosamente de la escena familiar y se interna detrás de la señalada puerta.

Mariela Rufatti- Mamá, ¿dónde está papá?

Gloria N. de Rufatti- No sé dónde se metió; si recién estaba acá.

Relator- Entonces Rufatti volvió de la misteriosa cita y en su rostro tenía la marca indeleble del miedo.

Gloria N. de Rufatti- ¡Cacho! ¿Dónde estabas? La torta ya está cortada y todos la están comiendo. ¿Qué te pasa? Tenés cara de pánico, como si hubieras visto algo; o como si alguien te estuviera siguiendo. Contame qué te molesta.

Rufatti- Después que termine la fiesta nos volvemos al pueblo.



XIX

Empacando todo para regresar a su pueblo.

Gloria N. de Rufatti- ¡Cacho, estás loco! ¿Por qué empacamos todo? Contame qué hiciste; decime a quién viste para que huyamos tan pronto.

Rufatti- No me molestes tanto y mejor cerrá la boca ¡Dale! ¡Seguí empacando!



XX

Relator- De vuelta a su pueblo que lo vio crecer; Rufatti regresó como se había ido: en silencio y sin hacer ruido más tarde que algunos años después. Nada de la ciudad había cambiado; ni las caras, ni los nombres y mucho menos las calles pobres que seguían sin cordón y sin asfalto.
Él pensó pronto en continuar su audaz carrera de político para volver siempre a lo mismo de prometer, no cumplir y poder robar. Pero la gente de su propio pueblo lo veía con malos ojos porque recordaba con enojo los desastres que había hecho.

Don Taboada- ¿Vio a quién tenemos de vuelta?

Azcárate- No tengo idea; ¿a quién se está refiriendo?

Don Taboada- Al peor de los hijos de este suelo que dejó al municipio en la ruina.

Azcárate- Esos pillos nunca se olvidan; Cacho Rufatti está de vuelta.

Don Taboada- El mismo que usted ha dicho, caradura y sinvergüenza.

Azcárate- ¿Y se puede saber por qué volvió si tan bien le estaba yendo?

Don Taboada- Eso lo saben él y los del gobierno porque su renuncia fue una sorpresa. Estaba bien como Ministro. Tenía un supermercado, creo que también un bingo y otras cosas que no conocemos.

Azcárate- Pero le mataron al hijo.

Don Taboada- Cruel castigo, pero justo y a tiempo.

Azcárate- No lo digo por el chico pero el maldito padre, que el diablo lo ampare, lo tenía bien merecido.

Don Taboada- Mire a lo que habrá llegado si acá era pobre y vago y allá con lujos ha vivido.

Azcárate- Ojo que acá algo ya tenía. Su mansión estaba casi construida antes de fugarse con sus hijos. Recuerde el asunto de la fábrica, los campos, el antro, el camino y el montón de coimas que habrá cobrado.

Don Taboada- ¡Qué asco me da! ¡Lo mataría con mis propias manos!

Azcárate- Cálmese Taboada, no se enoje tanto que no es culpa de un solo tipo. Ellos roban, nosotros dormimos y, sin importar quien vaya a estar ayer, hoy o pasado mañana esto seguirá siendo lo mismo.

Relator- En poco tiempo se fue acostumbrando al nuevo ritmo de su viejo pueblo; más tranquilo, menos moderno, tan lejos de aquel monstruo urbano.



Gloria N. de Rufatti- Ya me había olvidado lo que era estar tranquila, cuidar el jardín, preparar la comida y tener tiempo para andar en auto.

Rufatti- Ser importante es lo que más extraño; el chofer, las reuniones de gabinete, los viajes afuera, el monto de los cheques, las notas por TV, el poder del despacho...

Gloria N. de Rufatti- Sabés Cacho, todavía no entiendo por qué regresamos al pueblo si para vos eso era tanto.

Rufatti- Estee... qué lindo está el tiempo.

Gloria N. de Rufatti- Ya sé, no me querés contar. Pero eso no me importa porque todo esto nos sobra para ser felices y mucho más.

Rufatti- Sabés Gloria, estuve pensando muy seriamente que acá voy a ser intendente para cambiar muchas cosas.

Gloria N. de Rufatti- ¡Ay, Cacho, no podés con tu genio!

Rufatti- No puedo y tampoco quiero porque vos sabés que esto es lo mío.

Gloria N. de Rufatti- ¿No pensaste querido que el camino no será de rosas y que rivales otra vez vas a encontrar?

Rufatti- Vos me querés asustar cuando acá nadie me hará sombra. ¡Pero por favor Gloria! ¿Y quién me va a venir a parar?

Gloria N. de Rufatti- ¿Vos creés que no hay rival que se te vaya a atrever? Pensá en lo que pasó la otra vez y mirá dónde fuiste a parar.

Rufatti- ¡Te voy a matar! ¡Cómo me recordás eso! Rufatti le pega una cachetada a su esposa que reacciona llorando y tratando de devolverle la agresión.

Gloria N. de Rufatti- ¡Maldito, soy tu esposa! (Llora)

Rufatti- Perdoname Gloria, no te quise pegar. (La sujeta de las manos.)

Gloria N. de Rufatti- Perdóname vos, yo tampoco quise ofenderte. (Se abrazan.)

Rufatti- Gloria, Gloria, te amo. Por favor abrazame, antes prefiero matarme que hacerte daño.

Gloria N. de Rufatti- Ay, amor, amor cuánto estamos sufriendo por la falta de Pedro.

Rufatti- Sólo podemos recordarlo con una lágrima y un beso.

Relator- Rufatti no perdió tiempo y pronto comenzó a trabajar en su campaña electoral del que volvió a ser su pueblo. Algunos fueron a verlo para ayudarlo en la campaña y esos pocos tenían sus mañas porque aprendieron del maestro.
En un bar del pueblo...

Rufatti- ¡Qué hacés negro! Tanto tiempo.

Lucho Rufatti- Acá estamos, en el mismo lado y con el mismo dueño. ¿Y vos, cómo andás?

Rufatti- Bien, de vuelta por acá. De regreso al pueblo para empezar de nuevo todo lo que tuve que dejar.

Lucho Rufatti- ¿Vas a volver a la municipalidad?

Rufatti- Como empleado ni loco; como edil no creo; pero ser intendente estaría bueno. ¿no me querés ayudar?

Lucho Rufatti- ¡Otra vez te querés anotar! ¿Con lo que hiciste no tuviste demasiado? Mirá que acá te estaban buscando y algunos te querían linchar.

Rufatti- Bueno che, no era para tanto.

Lucho Rufatti- Vos no sabés lo que era esto. Nuestro nombre era mala palabra. Hasta algunos nos esquivaban y todo por tener un pariente “honesto”.

Rufatti- Eso fue mi culpa y te pido que me perdones. Pero ya habrán olvidado mi nombre porque el tiempo borra hasta las dudas.

Lucho Rufatti- Yo no estaría tan seguro de eso que estás diciendo. Si hasta yo mismo recuerdo cada uno de tus asuntos.

Rufatti- ¿Entonces no me vas a ayudar cuando empiece con la campaña?

Lucho Rufatti- ¿Cuándo empieza?

Rufatti- Mañana.

Lucho Rufatti- ¿Mañana mismo?

Rufatti- Sí, es así como te digo. Voy a encargar los carteles de “Rufatti Intendente”, a la imprenta de Enciso.

Lucho Rufatti- Llegaste tarde, ya no está más.

Rufatti- ¿Qué pasó? ¿Se fundió o se fue a otro lugar?

Lucho Rufatti- Mirá, por ser mi primo, yo a vos te voy a ayudar; pero después me das algún trabajo.

Rufatti- Trato hecho, dale nomás. Vos metele sin asco.

Relator- Pronto el pueblo se dejó empapelar con el rostro del nuevo candidato; entonces muchos recordaron todo lo que hizo como concejal.

Dos mujeres miran un cartel pegado en una pared.

Doña Rosa- ¿Vio Doña Inés quién está acá?

Doña Inés- ¡Qué caradura, qué descaro! ¡Con el caos que ha dejado se vuelve a presentar! Mientras tanto, en la casa de Rufatti...

Rufatti- Pero no Gloria... vos quedate tranquila que voy a ganar. ¿Quién se va a acordar de lo que hice hace tantos años?

Gloria N. de Rufatti- Mirá que hace unos días vi como unas tipas me miraban y hacían comentarios.

Rufatti- ¿Qué escuchaste? ¿Qué decían?

Gloria N. de Rufatti- No alcancé bien a escucharlos pero oí una palabra fuerte y esa era: ladrón.

Rufatti- Dejame tranquilo con esa versión que no puedo ver la tele.

Relator- Una noche bien clara, es así como yo la recuerdo, ocurrieron los siguientes hechos que aquí les voy a relatar.

Gloria N. de Rufatti- ¡Cacho, Cacho, vení ya mismo por favor!

Rufatti- ¿Qué pasa mi amor, por qué tanto grito?

Gloria N. de Rufatti- Una rata se metió en ese agujerito. Era grande y tenía bigotes.

Rufatti- ¿Ahí decís que se esconde? Está bien, dejala, ahora no se puede hacer nada porque es tarde y bien de noche. Vos dejame que yo mañana, cuando me levante de la cama, llamo urgente al exterminador.

Gloria N. de Rufatti- ¡Ay, que venga pronto por favor que yo detesto las ratas!

Rufatti- Es lógico que pase esto. Tanto tiempo fuera de casa que se te llena de alimañas. Pero esto se arregla en un momento. Si hay una, seguro que hay varias. Porque ahí debe tener su familia. Pero vos dejame todo querida que ninguna de ellas va a quedar.



Gloria N. de Rufatti- ¿Vos creés que serán tantas?

Rufatti- Eso lo sabremos mañana, ahora relajate un poco y vení al balcón.

Rufatti y señora van al balcón a disfrutar de una hermosa noche de verano.

Rufatti- Mirá qué noche nos tocó: la luna llena está tan clara que parece que tuviéramos sol.

Gloria N. de Rufatti- Ay mi amor, cómo necesitábamos esta calma después de todo lo que hemos pasado.

Rufatti- De eso ahora vamos a olvidarnos que hoy empezamos una nueva vida. Vamos a ver qué hacemos con Femando que está cada día más extraño y ni siquiera sale de su habitación.

Gloria N. de Rufatti- Yo siempre le pido a Dios por vos y nuestros hijos.

A lo lejos se escucha un extraño bullicio.

Gloria N. de Rufatti- ¿Qué es todo ese mido?

Rufatti- ¿De qué mido me hablás? Yo no escucho nada.

Gloria N. de Rufatti- ¿Tenés las orejas tapadas? Esperá un poco y prestá más atención.



Rufatti- A ver... Sí, tenes razón, ahora se escucha más claro.
Es como gente gritando.

Gloria N. de Rufatti- ¿Viste? ¿Qué será?

Rufatti- No sé, mejor vamos a entrar que la noche está refrescando.

Relator- Rufatti y su mujer entraron en su casa. Aquel ruido iba en aumento; es que la gente estaba viniendo con bombos, a los gritos y con pancartas.

Rufatti sale otra vez al balcón para ver qué pasa.

Rufatti- ¿Qué es toda esa gente que viene para acá?

Gloria N. de Rufatti- Parece que quieren verte y están nombrando a tu mamá.

Rufatti- Yo les voy a dar venir a insultarme. Ya mismo los mando a mudarse porque a la policía voy a llamar.

Relator- Entonces llamó muy enojado solicitando la presencia policial; y pronto le prometieron llegar para que el camino le quede despejado.

Rufatti- Ya vienen nomás, en cinco minutos estará todo tranquilo. Vamos adentro ahora mismo que pronto los van a echar.



Gloria N de Rufatti- ¡Fernando, apareciste de nuevo!

Fernando Rufatti- Es que el griterío es tremendo y ya no se puede soportar.

Rufatti- Esperá un minuto más que ya los están echando.

Gloria N. de Rufatti- Pero Cacho, si veinte minutos pasaron y todavía no veo nada.

Fernando Rufatti- ¿Sabés qué no soporto papá?, escuchar todas esas palabras: corrupto, ladrón, delincuente... Son muy malas, son muy crueles. Y nuestro nombre están manchando.

Rufatti- Esperá que vuelvo a llamar.

Rufatti llama otra vez a la policía pero el teléfono está ocupado.

Rufatti- ¡No vienen y no contestan! ¡Ni en la policía se puede confiar!

Fernando Rufatti- Arreglalo vos papá. Esta es tu gente y, si querés ser su intendente, salí y dales la cara.

Relator- Entonces una piedra rompió la ventana...

Rufatti- ¡Basta! ¡Ya van a saber quién les habla!

Femando Rufatti- Bien dicho, yo te acompaño; vamos como buenos hombres que somos.

Gloria N. de Rufatti- Yo no los dejo solos, vamos todos al balcón.

Relator- Entonces aparecieron ahí, delante de la gente enardecida que se presentaba en la guarida del que una vez fue su edil.

Rufatti- Aquí estoy conciudadanos, con estas limpias manos yo me vengo aquí a presentar.

Público- ¡Callate! ¡Ladrón, delincuente! (Una voz solitaria entre la multitud.)¡Devolvé lo que te robaste!

Rufatti- El que me dice eso es un cobarde y, sino, que dé un paso al frente. ¡Ah! Vieron cómo no se atreve... (La multitud escucha en silencio.) Bueno, he vuelto a mi ciudad después de tantos años y he renunciado a mi cargo porque a mi pueblo quiero gobernar.

Público- ¡A vos te echaron, no nos quieras engañar! (Otra voz solitaria. Todos aplauden.)

Rufatti- Llámenme corrupto si quieren, pero sólo soy uno más de ustedes y muy bien los he representado porque he cumplido con el sueño dorado de vivir, ser rico y no trabajar. ¿O quién de ustedes me va a negar que no están acá por envidia y no por reclamar justicia me vienen aquí a insultar? ¿A quién no le gustaría estar en los lugares que he ocupado?, ¿que por sólo levantar una mano con la otra pude cobrar? Díganme entonces cuál es su veredicto;


¿soy culpable o inocente por querer ser diferente a cualquier hijo de vecino?

Público- ¡Sos culpable, corrupto maldito!

Relator- Así, entre silbidos y gritos, voló una certera pedrada que fue a impactar en la cara del pobre e inocente hijo.

Rufatti- ¡Fernando! ¡Qué hicieron desgraciados!

Gloria N. de Rufatti- ¡Mi niño!

Relator- Como si eso fuera poco, también se escuchó un disparo. Y Rufatti cayó ensangrentado con una herida en el vientre. Todavía lo recuerdo claramente; cómo la turba entró en la casa, matando a sus dueños a patadas. Sí, yo estaba entre la gente... Poco quedó de aquella mansión porque, lo que se movía, lo saquearon y lo inmueble se incendiaba. Ahora se ven piedras quemadas de la suntuosa construcción. Así fue el final de este picaro y ruin que comenzó como un simple empleado. Perdón, todavía no me he presentado. De este pueblo, soy el nuevo edil...
Je, je, je.

FIN